Se acaba de celebrar la quinta edición de los Premios Platino, unos galardones creados para reconocer las mejores películas iberoamericanas. Esta edición, donde Una mujer fantástica y Zama han sido las triunfadoras con 5 y 3 estatuillas respectivamente, ha tenido lugar en el Teatro Gran Tlachco de Xcaret (Riviera Maya, México) y ha sido conducida por la estrella mexicana Eugenio Derbez (No se aceptan devoluciones).

Los premios, a pesar de los intentos de sus promotores, instituciones y entidades colaboradoras, siguen sin conseguir tener una repercusión mediática relevante. También sabemos, por datos como los del último Anuario del Cine Iberoamericano, que las películas apenas viajan a otros países iberoamericanos fuera del país del origen.

Todo esto debe hacernos reflexionar. Qué se está haciendo mal, qué se puede hacer. En primer lugar, no está de más deliberar si realmente existe el cine iberoamericano como tal, como una entidad con elementos comunes y que le hacen diferente al resto. ¿Existe más allá de un concepto que agrupa cinematografías y culturas muy diferentes?

El cineasta uruguayo Álvaro Brechner (Mal día para pescar), que en breve estrenará Memorias del calabozo, considera que “la cultura latina e iberoamericana tiene su especificidad”, si bien “podríamos debatir horas sobre los elementos comunes que lo hacen particular”. No obstante, reconoce también que “un cine maduro como el iberoamericano conlleva una diversidad temática, de propuesta y de género” y que es “tan diverso como cualquier región que produce establemente”.

A la productora Fernanda del Nido, que ha coproducido con Setembro Cine la película Una mujer fantástica (ganadora del Oscar, el Platino y el Goya) le parece “interesante” esta reflexión, que considera parecida a la que se podría hacer con el cine europeo: “¿Lo define su público? ¿Lo define algún elemento común que lo distinga (algo intrínseco al ‘producto’)? ¿Quienes lo producen/escriben/dirigen? ¿Es causa o consecuencia/resultado? ¿Es un concepto marcado por el mercado?” .

Aunque válidas todas estas hipótesis, Del Nido prefiere enfocarlo en el sentido de la necesidad de su existencia, algo parecido a “la importancia de que exista un ‘cine hecho por mujeres’”. Independientemente de cómo pensemos que es su naturaleza, en opinión de la productora de Setembro, “lo que está claro es que quienes escriben, dirigen, producen, quienes están detrás de una película, dejan su huella, la modifican, nos brindan una mirada de su propia cultura , su punto de vista y sobre la realidad”. Desde ahí, “cobra sentido el concepto de cine iberoamericano y la necesidad de cuidarlo y fomentarlo”.

A veces se piensa, ingenuamente, que por el hecho de que seamos más de 500 millones de personas compartiendo un idioma, estamos ante una realidad lo suficientemente homogénea para que, a partir de ahí, funcione un mercado común. “Es verdad que las sutilezas de la comunicación van mucho más allá del hecho de compartir un idioma. Sin embargo, frente a los 500 millones de hispanohablantes, la lengua es un puente abierto para acercar a diferentes públicos objetivos a disímiles cinematografías”, declara Elena Vilardell, secretaria técnica y ejecutiva del Programa Ibermedia, una iniciativa de estímulo a la coproducción iberoamericana.

El cine español, tan alejado geográficamente, ¿podemos verlo como algo ajeno o propio respecto al cine latinoamericano?  “Tenemos mucho en común. No sólo un lenguaje común y sus ricas variantes, sino también una forma de contar historias y empatizar con ellas. Hay algo muy universal en el cine iberoamericano”, indica Manuel H. Martín, director del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva.

Es interesante conocer también el punto de vista de las agencias de ventas. Según Juan Torres, director de ventas internacionales en Latido Films, desde fuera, “el cine iberoamericano lo ven como algo homogéneo pero asimilable no sólo al cine español sino al cine europeo en general. Sólo los distribuidores especializados en cine latino hacen una real diferencia”.

 

La repercusión de los Platino y el star system iberoamericano

Iniciativas como los Premios Platino están pensadas, precisamente, para tender puentes pero no terminan de cuajar. “Creo que todavía nos hace falta sentirnos a todos un poco parte, conocer nuestras películas y las de los países hermanos. Que no haya tantos títulos que nos resulten desconocidos porque simplemente no llegaron a las salas de nuestros países. Si a nosotros, que somos de la industria, nos cuesta llegar a ver algunas de las películas nominadas, para el público la mayoría son grandes desconocidas”, admite Del Nido.

La productora sí pone en valor que “estos premios están sirviendo como espacio de encuentro para los profesionales de la industria de los distintos países” y para conocer el cine de otros colegas de profesión, de modo que “desde ahí se va construyendo ese andar”.

Karina Juárez, directora de marketing en el área LATAM de Diamond Films, distribuidora asentada en un buen número de países iberoamericanos, también opina que hay mucho por mejorar en los Platino: “Creo que necesitan una campaña interna hacia la industria, primero que nada; que los premios sean conocidos por los que pertenecemos a ella (ya que casi nadie tiene relación o cercanía a ellos) y después darlos a conocer al público en general”. También señala que el alcance es limitado por el tipo de filmes. “Debería haber películas que hayan sido referente en su país tanto en calidad como en taquilla, ya que por lo general nominan películas que no han viajado o no han creado industria ni en su propio territorio”, apunta Juárez.

Para otros profesionales, como Gerardo Herrero, los Platino sí tienen “buena repercusión”, por su emisión en canales de TV en América Latina y España y su presencia en medios, si bien reconoce que “a lo mejor tiene menos de lo que nos gustaría”.

Hay quien cree que parte del problema es que falta un star system a nivel iberoamericano. “Sí, falta, pero para eso haría falta que hubiera productoras más grandes y de ámbito latino”, manifiesta Herrero.

No opina lo mismo Manuel H. Martín, que menciona a Bardem, Darín, Penélope Cruz, Dolores Fonzi, Wagner Moura o Paulina García. “Son muchas las estrellas con proyección internacional en nuestro ámbito”, subraya Martín, que además cree que “el concepto de star system ha cambiado, como consecuencia de los cambios que se han producido en los ámbitos de consumo del cine y el impacto de las redes sociales, entre otras cosas”. Al abarcar un amplio número de países diferentes, dice Martín, “es lógico que los Premios Platino se vayan consolidando poco a poco”, de modo que hay que “pensar siempre, como en cualquier otro proyecto de la vida, en el trabajo a largo plazo”.

 

El cine iberoamericano viaja poco

Una de las razones por las que, como decía al principio, el cine iberoamericano se ve muy poco en otros países reside en el hecho de que no exista una distribución panamericana, lo que dificulta la circulación en territorios que, en la mayoría de casos, tienen la misma lengua. Diamond Films es uno de los pocos casos que existen y, en sólo 8 años, ha encontrado, como relata Juárez, “el hueco que existe dentro del cine independiente”. Hace unos meses abrieron oficina en España y pronto esperan cubrir el mercado hispano de Estados Unidos.

No obstante, los obstáculos y las diferencias culturales son evidentes. “Efectivamente, aún hay ciertas barreras, pero creemos que con productos de calidad y un tanto globales esto será fácil de combatir”, señala la representante de Diamond Films, que alude a “temáticas que nos atañen a todos” y “actores de varios territorios” como ejemplos de cualidades para un cine viajero. También cree que hay que fijarse en los logros de la TV: “Tener un acento neutro y que las películas no se perciban de un país en especial sino simplemente una película hablada en español”.

Según Juan Torres, el acento no suele ser problema, aunque “si es tan fuerte que impide que los vecinos de la región entiendan el diálogo, el potencial de distribución internacional sí se reduce muchísimo”. En su opinión, ahora “el latinoamericano consume más cine de sus vecinos que antes”. Pone como factores para ello las coproducciones y “las plataformas de Internet y televisiones panrregionales”.

Una distribución panamericana en salas, según el representante de Latido, “debería ser pensada realmente como algo supranacional”. “Sé que suena fácil pero no lo es. Hay consideraciones económicas muy complejas a tener en cuenta, pero la idea me parece más que loable”, añade.


Elena Vilardell pone énfasis en la industria de la exhibición como clave de la cuestión: “Los distribuidores regionales se topan con las arbitrarias reglas consuetudinarias del mercado de la exhibición —que no han variado mucho desde los 70—, por las que incluso las películas nacionales tienen que salir de vitrina a la segunda semana de estreno para acoger los estrenos sincronizados globalmente”. En su opinión, las grandes producciones se benefician de “la ausencia de normas que equilibren las condiciones de lanzamiento de las películas”.

El director del Festival de Huelva, Manuel H. Martín, atisba una ventana de oportunidad: Internet. “Las nuevas plataformas están sirviendo para que producciones audiovisuales de uno y otro lado puedan verse. Son una oportunidad para que, más allá de la producción norteamericana, los proyectos iberoamericanos puedan cruzar fronteras”, asegura Martín, que menciona el caso de la serie de La casa de papel.  

He hablado también con un distribuidor español, Álex Lafuente de BTeam Pictures, para conocer su visión, como empresa que ha apostado por el cine iberoamericano. Han estrenado aquí Una mujer fantástica y Zama, principales ganadoras de los recientes Platino, y este año tienen Las herederas, Premio FIPRESCI de la Crítica y Mejor Actriz en la Berlinale, y Benzinho, que acaba de ganar el título de Mejor Película Iberoamericana en el Festival de Málaga.

“Creemos firmemente que hay un público interesado en el cine que viene de Latinoamérica pero también creemos que son pocas las películas que consiguen ganar ese interés. El público se concentra en pocas películas”, afirma Lafuente.

El distribuidor sostiene que esos casos suelen depender de “grandes reconocimientos en festivales o premios internacionales”. Cita el apoyo de festivales nacionales como San Sebastián, Valladolid, Sevilla y Málaga, “incluyendo películas iberoamericanas en Sección Oficial”, como un paso adelante para dar “mayor visibilidad a ese cine y ayudarnos a los distribuidores a dar a conocer las películas”.

 

España pierde protagonismo en la producción iberoamericana

Los países iberoamericanos se vinculan ya desde la gestación de los proyectos. Para que muchos filmes se puedan financiar es necesario el apoyo de cinematografías ‘hermanas’.

En ese sentido, no son pocos los casos de coproducciones que se fraguan de manera poco orgánica, pues las historias y los personajes se plantean en función de donde viene el dinero y no por una creación natural.

“Las coproducciones tienen que ser orgánicas. Si no, es mejor que no lo sean, es muy importante saber si un proyecto puede serlo”, afirma Gerardo Herrero.  Álvaro Brechner también coincide y cree que “está en cada director y productor saber qué puede hacer, qué enriquece a su proyecto y le da valor agregado, y qué, por el contrario, pone en riesgo la coherencia del mismo”.

Del Nido confirma que “eso ocurrió mucho más de lo deseable” pero, con el paso del tiempo, “estos ‘abusos’ se han ido reduciendo cada vez más”. No obstante, recalca que una política de fomento a la coproducción iberoamericana “implica necesariamente la exigencia de participación técnico-artístico de cada uno de los países de los que cada película forma parte” y eso también “ha hecho que se generase una circulación técnico-artística” que, de otra forma, no se hubiera producido.

España, que en su día tuvo un protagonismo importante a la hora de impulsar proyectos, ha perdido fuelle. “Históricamente, España fue un puntal esencial en el desarrollo y apoyo del cine iberoamericano. En los últimos años, España ha estado menos ávida a las coproducciones, y eso ha hecho especial mella en la capacidad asociativa con un tipo de cine que, de forma natural (por idioma y por historia), estaba muy presente anteriormente. En los últimos años, muchas cinematografías latinoamericanas se han hecho más sólidas y han logrado asociarse entre ellas”, indica Álvaro Brechner.

Una de las personas que puede confirmar fehacientemente si España ha dejado de ser “el puntal” del que habla el cineasta uruguayo es Elena Vilardell. “En el balance de números podemos decir que, materialmente, sí ha habido una disminución de coproducciones de las cinematografías iberoamericanas con España”, asegura la representante de Ibermedia, que menciona como factor, además de la maduración de cinematografías como las de Colombia, Chile y Uruguay, que “la alta visibilidad alcanzada por las películas de América Latina en festivales de gran prestigio y mercados internacionales —especialmente en Francia, Alemania, EEUU, Italia y Holanda— ha atraído a nuestros espacios de industria a nuevos actores empresariales y recursos económicos no españoles”.

Vilardell apunta, asimismo, al Gobierno de España como responsable por sus políticas culturales, que “inciden de forma directa en la disminución de las coproducciones y se centran en las cifras y porcentajes de participación de los productores españoles en proyectos de países con niveles de gasto largamente inferiores a los presupuestos españoles”.

Los productores españoles coinciden con esta interpretación de la falta de apoyo. “Hay muy poco dinero para el cine en España  pues el ICAA tiene menos de la mitad de presupuesto de lo que debía tener. Las TVs invierten muy poco dinero en películas iberoamericanas, por lo que la suma hace que sean muy difíciles de financiar”, admite Gerardo Herrero, que también reconoce que “el cine español está perdiendo la fuerza” que llegó a tener con estas coproducciones.

Fernanda del Nido profundiza en la línea apuntada por Vilardell, señalando la Orden Ministerial del 2009 como punto de inflexión. “Limitó la financiación pública española a un mínimo de participación que era absolutamente irreal para trabajar con cualquier país latinoamericano. La intención, explícita y clara, era eliminar esas coproducciones con Latinoamérica y así se expresó desde las autoridades en su momento”, explica la productora, que añade como circunstancias “la fuerte crisis en el sector y un cambio en la política de Televisión Española que redujo la inversión en cine iberoamericano de manera abismal y en corto tiempo”.

Ese lugar hegemónico que tenía España, abunda Del Nido, “es una pérdida grande que, además, tardará en recuperarse”. Según expone,  “recientemente se ha implementado algún pequeño cambio en la normativa, pero difícilmente genera un cambio sustancial”.

 

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