Elena Vilardell pone énfasis en la industria de la exhibición como clave de la cuestión: “Los distribuidores regionales se topan con las arbitrarias reglas consuetudinarias del mercado de la exhibición —que no han variado mucho desde los 70—, por las que incluso las películas nacionales tienen que salir de vitrina a la segunda semana de estreno para acoger los estrenos sincronizados globalmente”. En su opinión, las grandes producciones se benefician de “la ausencia de normas que equilibren las condiciones de lanzamiento de las películas”.

El director del Festival de Huelva, Manuel H. Martín, atisba una ventana de oportunidad: Internet. “Las nuevas plataformas están sirviendo para que producciones audiovisuales de uno y otro lado puedan verse. Son una oportunidad para que, más allá de la producción norteamericana, los proyectos iberoamericanos puedan cruzar fronteras”, asegura Martín, que menciona el caso de la serie de La casa de papel.  

He hablado también con un distribuidor español, Álex Lafuente de BTeam Pictures, para conocer su visión, como empresa que ha apostado por el cine iberoamericano. Han estrenado aquí Una mujer fantástica y Zama, principales ganadoras de los recientes Platino, y este año tienen Las herederas, Premio FIPRESCI de la Crítica y Mejor Actriz en la Berlinale, y Benzinho, que acaba de ganar el título de Mejor Película Iberoamericana en el Festival de Málaga.

“Creemos firmemente que hay un público interesado en el cine que viene de Latinoamérica pero también creemos que son pocas las películas que consiguen ganar ese interés. El público se concentra en pocas películas”, afirma Lafuente.

El distribuidor sostiene que esos casos suelen depender de “grandes reconocimientos en festivales o premios internacionales”. Cita el apoyo de festivales nacionales como San Sebastián, Valladolid, Sevilla y Málaga, “incluyendo películas iberoamericanas en Sección Oficial”, como un paso adelante para dar “mayor visibilidad a ese cine y ayudarnos a los distribuidores a dar a conocer las películas”.

 

España pierde protagonismo en la producción iberoamericana

Los países iberoamericanos se vinculan ya desde la gestación de los proyectos. Para que muchos filmes se puedan financiar es necesario el apoyo de cinematografías ‘hermanas’.

En ese sentido, no son pocos los casos de coproducciones que se fraguan de manera poco orgánica, pues las historias y los personajes se plantean en función de donde viene el dinero y no por una creación natural.

“Las coproducciones tienen que ser orgánicas. Si no, es mejor que no lo sean, es muy importante saber si un proyecto puede serlo”, afirma Gerardo Herrero.  Álvaro Brechner también coincide y cree que “está en cada director y productor saber qué puede hacer, qué enriquece a su proyecto y le da valor agregado, y qué, por el contrario, pone en riesgo la coherencia del mismo”.

Del Nido confirma que “eso ocurrió mucho más de lo deseable” pero, con el paso del tiempo, “estos ‘abusos’ se han ido reduciendo cada vez más”. No obstante, recalca que una política de fomento a la coproducción iberoamericana “implica necesariamente la exigencia de participación técnico-artístico de cada uno de los países de los que cada película forma parte” y eso también “ha hecho que se generase una circulación técnico-artística” que, de otra forma, no se hubiera producido.

España, que en su día tuvo un protagonismo importante a la hora de impulsar proyectos, ha perdido fuelle. “Históricamente, España fue un puntal esencial en el desarrollo y apoyo del cine iberoamericano. En los últimos años, España ha estado menos ávida a las coproducciones, y eso ha hecho especial mella en la capacidad asociativa con un tipo de cine que, de forma natural (por idioma y por historia), estaba muy presente anteriormente. En los últimos años, muchas cinematografías latinoamericanas se han hecho más sólidas y han logrado asociarse entre ellas”, indica Álvaro Brechner.

Una de las personas que puede confirmar fehacientemente si España ha dejado de ser “el puntal” del que habla el cineasta uruguayo es Elena Vilardell. “En el balance de números podemos decir que, materialmente, sí ha habido una disminución de coproducciones de las cinematografías iberoamericanas con España”, asegura la representante de Ibermedia, que menciona como factor, además de la maduración de cinematografías como las de Colombia, Chile y Uruguay, que “la alta visibilidad alcanzada por las películas de América Latina en festivales de gran prestigio y mercados internacionales —especialmente en Francia, Alemania, EEUU, Italia y Holanda— ha atraído a nuestros espacios de industria a nuevos actores empresariales y recursos económicos no españoles”.

Vilardell apunta, asimismo, al Gobierno de España como responsable por sus políticas culturales, que “inciden de forma directa en la disminución de las coproducciones y se centran en las cifras y porcentajes de participación de los productores españoles en proyectos de países con niveles de gasto largamente inferiores a los presupuestos españoles”.

Los productores españoles coinciden con esta interpretación de la falta de apoyo. “Hay muy poco dinero para el cine en España  pues el ICAA tiene menos de la mitad de presupuesto de lo que debía tener. Las TVs invierten muy poco dinero en películas iberoamericanas, por lo que la suma hace que sean muy difíciles de financiar”, admite Gerardo Herrero, que también reconoce que “el cine español está perdiendo la fuerza” que llegó a tener con estas coproducciones.

Fernanda del Nido profundiza en la línea apuntada por Vilardell, señalando la Orden Ministerial del 2009 como punto de inflexión. “Limitó la financiación pública española a un mínimo de participación que era absolutamente irreal para trabajar con cualquier país latinoamericano. La intención, explícita y clara, era eliminar esas coproducciones con Latinoamérica y así se expresó desde las autoridades en su momento”, explica la productora, que añade como circunstancias “la fuerte crisis en el sector y un cambio en la política de Televisión Española que redujo la inversión en cine iberoamericano de manera abismal y en corto tiempo”.

Ese lugar hegemónico que tenía España, abunda Del Nido, “es una pérdida grande que, además, tardará en recuperarse”. Según expone,  “recientemente se ha implementado algún pequeño cambio en la normativa, pero difícilmente genera un cambio sustancial”.

 

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