Con más de dos años de vida, la sala Phenomena es ya un referente.

Estamos viviendo una época de importantes cambios en los hábitos de consumo. El surgimiento de las plataformas de video bajo demanda en Internet está provocando que las salas de cine se replanteen su futuro.

En España se han cerrado bastante salas desde la crisis pero en los últimos años está repuntando la asistencia y se están empezando a abrir/reabrir cines.

La sala Phenomena en Barcelona abrió hace algo más de dos años y se ha convertido en un caso de éxito. Un proyecto surgido en plena crisis económica pero que, con un modelo muy diferenciado, ha seducido al público. Como comenta durante la entrevista, también están barajando la posibilidad de poder proyectar, de forma regular, en Madrid.

A continuación, puedes leer una entrevista en profundidad a Nacho Cerdá, para conocer cómo está siendo su experiencia y su perspectiva para que las salas de cine sigan siendo la gran opción de ocio y cultura que todavía son.

 

- Después de dos años desde la apertura de vuestra sala en Barcelona, ¿cuál es el balance? ¿Estáis satisfechos?

Sí, absolutamente. Hay un nivel de satisfacción que va más allá de los resultados y es haber culminado un proyecto que empezó siendo un evento puntual a poder desarrollarse más ampliamente en cuanto a la programación e introducir una serie de contenidos que, de otra manera, habría sido difícil.

A nivel de respuesta del público ha sido muy amplia. No obstante, todo hay que decirlo, los hábitos cambian. No es lo mismo tener un evento puntual una o dos veces al mes que un cine abierto todos los días con una oferta cultural al margen de la exhibición habitual.

 

- ¿En qué tenéis que seguir mejorando que todavía no habéis conseguido? ¿Alguna espinita clavada?

Sí, hay una cosa y es respecto a la curiosidad del público cinéfilo. Yo esperaba más respuesta para determinadas propuestas que son menos obvias. Estoy hablando de películas de repertorio, ya sean clásicos o clásicos modernos. La respuesta del público es bastante menor de la que yo hubiera imaginado, teniendo en cuenta la cinefilia que, en teoría, hay en esta ciudad.

En Barcelona había una tradición de cine de reestreno que ahora parece haberse disipado y el público deja de ser curioso y es bastante conservador. Suele ir a películas que ya ha visto y las ve mil veces en lugar de descubrir cosas nuevas.

 

- Vuestra apuesta tenía que ver con la singularidad y el sentimiento de comunidad. ¿Crees que una de las claves de vuestro éxito y que es algo que se ha perdido en las actuales salas de cine?

Totalmente. Todo el modelo de exhibición tiende hacia una homogeneización, tanto de la arquitectónica como de la oferta. Deja de haber una personalización, como podía haber antes. Nosotros ofrecemos una programación muy específica y un trato muy familiar.

La comunidad que se había formado con los eventos de Phenomena sigue estando aquí, se ha transformado e incluso consolidado con grupos de gente que suele venir aquí y ya no pisa otras. Lo hace por una cuestión no sólo de programación, sino del entorno, porque se encuentran a gusto.

 

- Vuestro caso es peculiar porque, a diferencia de otros casos más o menos recientes en aperturas de cines en ciudad, tenéis una sala única, lo cual parecería poco viable económicamente.

Es todo lo contrario. Una sola sala te permite reducir los gastos. Una multisala tiene tantos proyectores y equipos de sonido como salas pueda tener, y eso implica un mantenimiento. Con lo cual tratas de rentabilizar una inversión en 150 butacas, que suele ser bastante complicado. Obviamente, las multisalas te ofrecen una especie de supermercado donde puedes encontrar de todo. Pero nuestra programación, aunque sea una sola sala, es diversa. El modelo de comparación que podemos tener más cercano podría ser una filmoteca pero donde puedes ver estrenos en la mejor calidad.

Obviamente, implica un esfuerzo de programación muy grande. Mucho más que una multisala, donde no se machacan mucho la cabeza. Si una película no funciona, la retiran enseguida. Nosotros tenemos una dificultad añadida y es que no programamos de semana en semana sino de mes a mes. Por tanto, tenemos que hacer un acto de fe y de compromiso de cara al espectador y al distribuidor.

 

- Y demuestra mucha pasión por el cine por el hecho de que tienes que perseguir para conseguir buenas copias de películas que, en muchos casos, tienen ya un tiempo.

Sí, es otra de las dificultades. Desde fuera, uno puede pensar que es ir al distribuidor y que te la va a dar. No es así, no existen los materiales de exhibición cinematográfica, y menos de 35 mm, para poder elegir. Es una labor de arqueología pura y dura. Muchas veces hay títulos que se nos han resistido y por ahora no hemos podido proyectar. Por ejemplo, ‘Encuentros en la tercera fase’, que queremos desde hace tiempo y que este año cumple el 40ª aniversario.

La labor es muy ardua y el coste de oportunidad es muy grande. Lo que pueda poner a las 20 h, lo quito de otra película que podría funcionar mejor. Pero la apuesta es esa película. Si funciona, magnífico; si no funciona, nos la comemos.

 

- Actuasteis con cierta temeridad al abrir la sala en un momento crítico del sector. En los últimos tiempos, la asistencia a cines se está recuperando. ¿Notáis la mejoría?

En nuestro caso se une la crisis del sector que hubo y que todavía se arrastra junto con el hecho de abrir una compañía nueva y una alternativa diferente.

Evidentemente que lo hemos notado pero hemos notado otra cosa y es que, al haber descubierto esta sala y las condiciones óptimas de proyección, el público se lo va diciendo unos a otros, y eso hace que este año hayamos crecido con respecto al anterior. El tema de la crisis no me lo planteé nunca en el momento de abrir esto porque creía que, más allá de lo que a veces se culpabiliza desde el sector, muchas veces es una cuestión de la oferta y si está conectando con el público o no.

(…) Es importante que el público sienta que la inversión que ha hecho de 8 o 9 euros sea rentable. El precio de la entrada no es caro ni barato, está en función del grado de satisfacción que puedas recibir.

 

- Phenomena nació con proyecciones de títulos de varias décadas atrás pero en vuestra sala cada vez hay más cabida para el cine de estreno. ¿Os lo pedía el público? ¿Cuál es el equilibrio?

Phenomena nunca ha sido una reivindicación nostálgica ni una reiteración de que los 80 fueron la mejor época del mundo. Phenomena apostaba por la experiencia cinematográfica, es decir, disfrutar de algo en comunidad en una gran pantalla. Es una mirada hacia el futuro basándose en algunos esquemas clásicos del pasado. ¿Por qué nosotros nos enamoramos del cine? No necesariamente era viendo ‘Los Goonies’ porque con ‘Los Goonies’, a pesar de ser una película icónica, nuestra percepción infantil o adolescente fue superior por el entorno. Esa experiencia de entrar en una especie de catedral o de teatro es algo que nos enamoraba.

Sin embargo, cuando abrimos el cine, además de dar un entorno agradable casi art decó y un poco retro, quisimos dotarlo de una tecnología puntera. Se ha formado un boca-oreja y un público que desea ver los estrenos aquí porque la espectacularidad y la forma en la que se ve es muy superior a la media actual.

 

- Vosotros proyectáis casi todo en versión original. ¿Por qué sigue sin haber mucha oferta en versión original en el mercado? En la opinión pública parece haber esa tendencia, ¿acaso luego no hay tanta gente que lo demande?

En nuestro caso sí lo demandan. Creo que en Barcelona hay bastante público, al margen de las multisalas, que pide versión original. Ha habido, históricamente, una separación entre los cines que proyectan versión original y los de doblado en cuanto a calidades se refiere. Locales con pantallas pequeñas donde la versión original parecía menospreciada.

Nosotros hemos intentado que esa versión original sea presentada prácticamente como lo verías en su país de origen. Eso es lo que marca la diferencia. Una vez que, como espectador, experimentas esto, empieza a enganchar. Estamos atrayendo gente mayor que nunca habría ido a ver una versión original.

 

- Has dicho en varias ocasiones que tenéis intención de haceros con una sala en Madrid. ¿Cómo va de avanzado?

Bueno, una intención se confunde a veces con un deseo. No estaría mal tener una opción en Madrid para poder ampliar el proyecto y hacerlo extensible a otros puntos del país. Pero nunca ha sido mi intención tener una cadena de cines. Esa labor de orfebrería que estamos haciendo en Barcelona sería difícil llevar a cabo en otros sitios.

No obstante, Madrid sería uno de los 3 o 4 lugares en España donde se podría llegar a hacer. Si hubiera una oportunidad, lo estudiaríamos. Lo que sí es cierto es que estamos pensando en una especie de programación Phenomena habitual con una compañía de exhibición en Madrid, para utilizar alguna de sus salas para dar una vez a la semana programación Phenomena durante todo el día.

Con la clausura del Palafox ahora estamos más huérfanos de lugares donde hacer esto. También es verdad que, a diferencia de los eventos, no es recomendable tener grandes aforos más allá de 600 butacas porque el día a día es muy diferente. Tú puedes reunir en un festival como Syfy 1.000 espectadores en una sesión pero si el Syfy estuviera cada día, acabarían por no venir. Me he dado cuenta de que hay mucho público al que le parece cool un festival pero no van precisamente porque el cine les interesa sino porque les parece cool el evento.

 


 

- Es la diferencia entre el cine como evento o el cine como un hábito más cotidiano. Ahora mismo, resulta muy complicado convencer a la gente más allá de esa excepcionalidad.

A mí me parece muy ridículo todo esto. El cine tiene su valor en sí mismo. Hay una falta de curiosidad, de verdadera pasión cinéfila y que ha sido sustituida por el evento hipster del momento.

Eso lo puedes ver, por ejemplo, cuando en el festival de Sitges una película absurda y que nadie conoce se convierte en lo que todo el mundo querría ver. Y sin embargo, a los cuatro días la estrenas en cines y no va nadie. ¿Por qué se da eso? Pues porque en realidad tampoco iría nadie si no fuera en un entorno de un festival. No es que todo el público haya sido agotado en esas sesiones. ‘Train to Busan’, por ejemplo, no ha dado un duro y en su momento era como la gran película del Festival de Sitges.

Nosotros hemos hecho una serie de proyecciones de cine asiático de forma mensual y las películas que no conocía nadie, han convocado a muy poca gente, y las que todo el mundo conoce, todo el mundo las va a ver. Es muy conservador el público y eso me sorprende porque tenemos mucho más acceso a todo tipo de cine. En los años 70, que había más restricción en cuanto a lo que se estrenaba, había un público más abierto y arriesgado e incluso insolente.

 

- Durante los 90 y principios de los 2000 la exhibición creció paralelamente al boom inmobiliario y se asentó un modelo de multisalas en el extrarradio. ¿Crees que ese modelo se va a mantener o crees, como algunas personas demandan, que puede haber un repunte de la oferta de cine en las ciudades?

Yo creo que el cine en las ciudades va a repuntar, seguro. Las multisalas tienen un problema principal, que es tener que comer cada semana. Hay un nivel de consumo tan sumamente rápido que, enseguida, se les quedan vacías. Es una dinámica de consumir y consumir, en vez de degustar. Yo creo que este modelo se está agotando. Si te fijas, hay películas que cuando se estrena un superéxito, ocupan la mitad de las salas.

(…) En Phenomena llevamos un modelo más reflexivo, de qué es lo que vamos a poner. Yo si quisiese, cada semana, miraría qué es lo que hay y ‘hala, vamos a ponerlas y ya está’. Pero eso es poner el piloto automático. Yo creo que es muy importante la diferenciación. El hecho de que todos hagan lo mismo, no ha favorecido a la exhibición.

 

- Otro pilar vuestro es el concepto de Experiencia. La tecnología juega un papel crucial y vosotros tenéis una de las salas mejor equipadas de España. ¿Crees que la tecnología se ha descuidado en parte del sector y eso afecta a que mucha gente le cueste salir del salón de casa?

La tecnología es importante pero no es determinante. Hay un factor mucho más fundamental que es el mantenimiento. Con el mantenimiento sí que hay una dejadez preocupante. A excepción de 4 o 5 ejemplos, el resto es que no se revisan desde hace, incluso, años.

Eso no lo puedes tolerar. En Phenomena estamos constantemente, y eso significa cada dos meses, revisándolo todo. Todo. Tenemos un nivel de autoexigencia muy grande porque nos gusta lo que hacemos. A veces los empresarios de cine no consideran que sea un gasto útil.

 

- Porque no ven el retorno tan fácil o rápido.

Exacto. Y ese retorno rápido aquí y ahora es lo que está matando esto. Y esto se traslada a todo. Y el nivel de satisfacción empieza a menguar. Me gustaría tener esto y lo otro. Ya pero, ¿qué es lo que tienes al lado? Enséñalo lo mejor posible y luego empieza a pensar en otras cosas. Hay cines que tienen una gran infraestructura y, sin embargo, están muy descuidados.

 

- Hacéis algunas proyecciones en 70 MM, en digital 4K, con sonido Dolby Atmos, etc. ¿Cómo es tu valoración de estas tecnologías y qué feedback os llega del público al respecto?

Magnífica. Sobre todo, como te digo, si las cuidas. Hay Dolby Atmos en muchas salas y no todas suenan igual. Aquí tratamos de tenerlo superajustado. Yo he visto ‘Mad Max’ en otro sitio y luego aquí en Phenomena y he flipado, es otra película. Esto ahora nos ha pasado con ‘La La Land’, que hemos proyectado con 7.1. Ha habido gente que ha repetido desde otras salas y ha flipado, y decían que es que “esto es otra película”.

En Estados Unidos he tenido la ocasión de asistir a proyecciones comerciales. Hay un nivel de proyección, por ejemplo en el ArcLight de Los Ángeles, que cualquier cosilla de serie B parece que sea la gran película. Sales contento y quieres volver otro día.

 

- ¿Hay otras tecnologías que os interesan para el futuro y algunas que no os convencen?

El 3D nunca me ha convencido. Es una tecnología que no es nueva pero que nunca ha funcionado. Ahora estamos viendo que está en declive total. A pesar de que nosotros podamos tenerlo para determinadas cosas, que siempre es útil, pero no es para mí una tecnología que se tenga que quedar.

En cambio, creo mucho en lo que comentabas antes del 70 mm. ‘Dunkirk’ de Christopher Nolan es muy posible que la estrenemos nosotros en 70 mm.

Y en sonido, para mí el Dolby Atmos es espectacular. No sólo para películas que tengan que lucirlo, sino que para otras que no sería lo obvio te provoca una dimensión sonora que es muy inmersiva. Hay veintipico canales discretos y es una experiencia.

 

- No está teniendo mucho tirón por ahora el HFR (High Frame Rate). Ang Lee con ‘Billy Lynn’ no ha convencido.

No, como lo del ‘El Hobbit’ anteriormente. A mí como espectador no me interesa, personalmente. Me parece incluso feo. Ese grado de hiperrealismo al que se está intentando llegar es totalmente contradictorio con la experiencia cinematográfica, en la que ves una ensoñación, una mentira, una fantasía. De hecho, la pátina fotoquímica que te daba un 35 mm, te introducía en ese mundo. Ahora en digital todo es muy prístino, muy limpio.

En cuanto a los HFR y los 48 fps, parece más de barraca de feria que de exhibición normal. Son como experimentos pero no creo que sean narrativamente interesantes para la supervivencia del cine.

 

- Aparte de la tan ansiada bajada del IVA, ¿qué crees que podrían hacer los políticos para que mejore el gremio de la exhibición?

(Se ríe) Si tenemos que esperar a que los políticos hagan algo, nos podemos morir. Si este país funciona es por las iniciativas empresariales de todos estos que estamos trabajando cada día. A pesar de que en esto tienen mucho que decir y lo del IVA es flagrante.

Poner el 21% al cine es una soberana irresponsabilidad porque, aparte de industria, también es cultura. Y si queremos asemejarnos a otros países del entorno, miremos cómo lo están haciendo. No deja de ser fiscalizar más al contribuyente.

 

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