- Es la diferencia entre el cine como evento o el cine como un hábito más cotidiano. Ahora mismo, resulta muy complicado convencer a la gente más allá de esa excepcionalidad.

A mí me parece muy ridículo todo esto. El cine tiene su valor en sí mismo. Hay una falta de curiosidad, de verdadera pasión cinéfila y que ha sido sustituida por el evento hipster del momento.

Eso lo puedes ver, por ejemplo, cuando en el festival de Sitges una película absurda y que nadie conoce se convierte en lo que todo el mundo querría ver. Y sin embargo, a los cuatro días la estrenas en cines y no va nadie. ¿Por qué se da eso? Pues porque en realidad tampoco iría nadie si no fuera en un entorno de un festival. No es que todo el público haya sido agotado en esas sesiones. ‘Train to Busan’, por ejemplo, no ha dado un duro y en su momento era como la gran película del Festival de Sitges.

Nosotros hemos hecho una serie de proyecciones de cine asiático de forma mensual y las películas que no conocía nadie, han convocado a muy poca gente, y las que todo el mundo conoce, todo el mundo las va a ver. Es muy conservador el público y eso me sorprende porque tenemos mucho más acceso a todo tipo de cine. En los años 70, que había más restricción en cuanto a lo que se estrenaba, había un público más abierto y arriesgado e incluso insolente.

 

- Durante los 90 y principios de los 2000 la exhibición creció paralelamente al boom inmobiliario y se asentó un modelo de multisalas en el extrarradio. ¿Crees que ese modelo se va a mantener o crees, como algunas personas demandan, que puede haber un repunte de la oferta de cine en las ciudades?

Yo creo que el cine en las ciudades va a repuntar, seguro. Las multisalas tienen un problema principal, que es tener que comer cada semana. Hay un nivel de consumo tan sumamente rápido que, enseguida, se les quedan vacías. Es una dinámica de consumir y consumir, en vez de degustar. Yo creo que este modelo se está agotando. Si te fijas, hay películas que cuando se estrena un superéxito, ocupan la mitad de las salas.

(…) En Phenomena llevamos un modelo más reflexivo, de qué es lo que vamos a poner. Yo si quisiese, cada semana, miraría qué es lo que hay y ‘hala, vamos a ponerlas y ya está’. Pero eso es poner el piloto automático. Yo creo que es muy importante la diferenciación. El hecho de que todos hagan lo mismo, no ha favorecido a la exhibición.

 

- Otro pilar vuestro es el concepto de Experiencia. La tecnología juega un papel crucial y vosotros tenéis una de las salas mejor equipadas de España. ¿Crees que la tecnología se ha descuidado en parte del sector y eso afecta a que mucha gente le cueste salir del salón de casa?

La tecnología es importante pero no es determinante. Hay un factor mucho más fundamental que es el mantenimiento. Con el mantenimiento sí que hay una dejadez preocupante. A excepción de 4 o 5 ejemplos, el resto es que no se revisan desde hace, incluso, años.

Eso no lo puedes tolerar. En Phenomena estamos constantemente, y eso significa cada dos meses, revisándolo todo. Todo. Tenemos un nivel de autoexigencia muy grande porque nos gusta lo que hacemos. A veces los empresarios de cine no consideran que sea un gasto útil.

 

- Porque no ven el retorno tan fácil o rápido.

Exacto. Y ese retorno rápido aquí y ahora es lo que está matando esto. Y esto se traslada a todo. Y el nivel de satisfacción empieza a menguar. Me gustaría tener esto y lo otro. Ya pero, ¿qué es lo que tienes al lado? Enséñalo lo mejor posible y luego empieza a pensar en otras cosas. Hay cines que tienen una gran infraestructura y, sin embargo, están muy descuidados.

 

- Hacéis algunas proyecciones en 70 MM, en digital 4K, con sonido Dolby Atmos, etc. ¿Cómo es tu valoración de estas tecnologías y qué feedback os llega del público al respecto?

Magnífica. Sobre todo, como te digo, si las cuidas. Hay Dolby Atmos en muchas salas y no todas suenan igual. Aquí tratamos de tenerlo superajustado. Yo he visto ‘Mad Max’ en otro sitio y luego aquí en Phenomena y he flipado, es otra película. Esto ahora nos ha pasado con ‘La La Land’, que hemos proyectado con 7.1. Ha habido gente que ha repetido desde otras salas y ha flipado, y decían que es que “esto es otra película”.

En Estados Unidos he tenido la ocasión de asistir a proyecciones comerciales. Hay un nivel de proyección, por ejemplo en el ArcLight de Los Ángeles, que cualquier cosilla de serie B parece que sea la gran película. Sales contento y quieres volver otro día.

 

- ¿Hay otras tecnologías que os interesan para el futuro y algunas que no os convencen?

El 3D nunca me ha convencido. Es una tecnología que no es nueva pero que nunca ha funcionado. Ahora estamos viendo que está en declive total. A pesar de que nosotros podamos tenerlo para determinadas cosas, que siempre es útil, pero no es para mí una tecnología que se tenga que quedar.

En cambio, creo mucho en lo que comentabas antes del 70 mm. ‘Dunkirk’ de Christopher Nolan es muy posible que la estrenemos nosotros en 70 mm.

Y en sonido, para mí el Dolby Atmos es espectacular. No sólo para películas que tengan que lucirlo, sino que para otras que no sería lo obvio te provoca una dimensión sonora que es muy inmersiva. Hay veintipico canales discretos y es una experiencia.

 

- No está teniendo mucho tirón por ahora el HFR (High Frame Rate). Ang Lee con ‘Billy Lynn’ no ha convencido.

No, como lo del ‘El Hobbit’ anteriormente. A mí como espectador no me interesa, personalmente. Me parece incluso feo. Ese grado de hiperrealismo al que se está intentando llegar es totalmente contradictorio con la experiencia cinematográfica, en la que ves una ensoñación, una mentira, una fantasía. De hecho, la pátina fotoquímica que te daba un 35 mm, te introducía en ese mundo. Ahora en digital todo es muy prístino, muy limpio.

En cuanto a los HFR y los 48 fps, parece más de barraca de feria que de exhibición normal. Son como experimentos pero no creo que sean narrativamente interesantes para la supervivencia del cine.

 

- Aparte de la tan ansiada bajada del IVA, ¿qué crees que podrían hacer los políticos para que mejore el gremio de la exhibición?

(Se ríe) Si tenemos que esperar a que los políticos hagan algo, nos podemos morir. Si este país funciona es por las iniciativas empresariales de todos estos que estamos trabajando cada día. A pesar de que en esto tienen mucho que decir y lo del IVA es flagrante.

Poner el 21% al cine es una soberana irresponsabilidad porque, aparte de industria, también es cultura. Y si queremos asemejarnos a otros países del entorno, miremos cómo lo están haciendo. No deja de ser fiscalizar más al contribuyente.

 

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