Entrevistamos a Nicolás Alcalá para analizar la experiencia retrospectivamente.

Hace poco más de un año se realizó el estreno multiplataforma de ‘El cosmonauta’, un esperado proyecto que había dado mucho que hablar durante un par de años por innovar en su apuesta por la financiación via crowdfunding y por un concepto de narrativa transmedia.

Un proyecto ambicioso, no exento de alguna polémica, que se ha mirado tanto con ilusión como con escepticismo desde el sector. Con la perspectiva que da el tiempo pasado, bien merece dedicarle un viaje a sus entrañas.

Para hacer el balance, hemos realizado una entrevista en profundidad con su director, Nicolás Alcalá.

 

- ¿Cómo surgió todo el universo de ‘El Cosmonauta’ que habéis montado?

Digamos que ‘El Cosmonauta’ tiene 3 pilares que hemos querido innovar que son: financiación con el crowdfunding, producción con el transmedia y distribución. La distribución ha sido algo de lo que llevábamos años hablando. Siempre habíamos utilizado licencias Creative Commons, veíamos que algo no estaba funcionando en la industria y siempre hemos estado muy metidos en el rollo underground de Internet, entonces para mí eso era algo natural. Lo único que hicimos fue darle forma a algo que de forma natural llevábamos años haciendo.

 

- ¿Y los otros dos pilares?

Eso ya surgió un poco de rebote. Al principio esto iba a ser un corto y nos dijimos: “¿Cómo vamos a conseguir 30.000€?”. Pues empezamos a pedir pasta a lo de siempre, ¿no? Familia y amigos. Pero bueno, ya que estábamos, y que habíamos oído hablar del termino del crowdfunding -sólo había un par de proyectos, no había más- dijimos: “¿Por qué no?” Entonces, claro, como las plataformas no estaban demasiado desarrolladas ni aceptaban nuestro proyecto, hicimos la nuestra propia de cero en la web.

Y bueno, el tema del transmedia fue a raíz de que fuimos a una conferencia en Londres, y ahí empezaron a hablar mucho del tema y vimos que teníamos que hacerlo aunque no supiéramos realmente bien bien que era. Lo fuimos descubriendo sobre la marcha y en realidad todo lo hemos ido haciendo así: sobre la marcha, aprendiendo o teniendo que inventar.

 

- Entonces digamos que del resultado final lo único que teníais claro desde el principio era la historia, ¿no?

Para nada. La historia ha variado muchísimo. A ver, la temática de un cosmonauta que se pierde siempre ha estado ahí.

 

- ¿Puede ser que venga del reportaje fotográfico que hizo Joan Fontcuberta?

Exacto. Yo empecé a investigar y había muchas leyendas de cosmonautas que se pierden, y la idea base era esa, pero los personajes que aparecen ahora no tienen nada que ver. Cuando lanzamos el proyecto la idea era que yo había escrito un corto de 15-20 minutos, que en un momento dado descubrimos que la historia pedía más, así que decidimos que íbamos a hacer que la historia durase lo que pedía. No sabíamos si iba a ser un largo, igual nos pedía un mediometraje y lanzamos el proyecto con un borrador de guión, un esbozo de lo que iba a ser, y así estuvimos un año sin guión, con una idea nada más.

 

- Entonces, claro, si ya sabíais que iba a ser un transmedia, lo que se estrenó en los cines y en VOD y todas las plataformas que lanzasteis podría haber sido más corto...

Claro, lo que nosotros escribimos fue un guión transmedia. Rodamos eso, rodamos muchas otras historias paralelas y bueno, al final el transmedia lo creamos en el momento. Es decir, cuando nos enfrentamos a 140 horas de brutos, muchas de esas cosas que se habían rodado expresamente para el transmedia se montaron como 17 piezas que se habían montado para eso. Pero las otras 20 –‘El Cosmonauta’ tiene 36 piezas– salieron del starter de la peli. Cosas que decidí no poner en la peli. Estuvimos 9 meses montando.

 

- ¿Cómo se gestionan esas 140 horas de brutos para sacarlo todo adelante como lo tenías previsto?

Imposible. Teníamos un equipo de montadores que trabajábamos en paralelo. Es decir, desde las dos estaciones montábamos las escenas y luego las poníamos en común para escoger la que más nos gustaba a ambos. Estuvimos 7 meses para la peli y 3 meses de transmedia.

 

- ¿Y el resultado qué? No tanto el nivel comercial, sino el resultado bruto de la película, el “hijo” por decirlo así...

A nivel personal: mi primera película y quizás la última. Quién sabe. Yo estoy súper orgulloso del resultado, creo que tomamos un montón de decisiones muy arriesgadas.

Quiero decir, aparte de que la película fuera una película de autor, que eso ya lo hace complicado, tomamos muchas decisiones que la hicieron todavía más compleja. Una de ellas fue sacar dos tercios de la película y hacer una narrativa partida donde cambiábamos de tono, de género. A pesar de que cada pieza pueda verse sola, apostamos mucho por crear un universo. Una historia entera que se cuenta en 34 cortos, una peli y un libro. Entonces claro, es muy distinta la percepción de quien se ve sólo la peli, a la de quien se lo ve todo.

 

- ¿Es posible que con una historia más sencilla, quizás un poco más comercial, hubiese funcionado mejor el tema del transmedia?

Creo que tuvo que ver con dos cosas: ni el espectador está preparado para una narrativa tan fragmentaria, que necesite tanto feedback; ni está la tecnología tan preparada. También entra en juego que es una peli de autor. Si no lo hubiese sido, seguramente hubiese sido más fácil enganchar a otro tipo de público. Pero claro, yo confiaba en que el reto era ese: si creemos que el transmedia es el futuro de la narrativa, se podría hacer lo mismo en una peli de autor que en una normal. Fue un retazo, pero sin entrar a juzgar la película, creo que será mejor entendida en el futuro, cuando el hábito de esta narrativa sea una realidad.

 

- ¿No quisisteis quizás abarcar demasiado?

Sí. Total. Ha sido una película megalómana. Ahora la miro y todavía me pregunto cómo fue posible que saliera todo bien. Éramos tres niños de 20 años que todavía iban a la universidad y acabamos haciendo una película. No habíamos hecho nada en la vida, no éramos de la industria y tan sólo habíamos hecho dos cortos, pero a pesar de eso hicimos una película rodada en tres países, en inglés, de época, con 140 planos de efectos especiales, con más de 100 localizaciones y con un equipo de 45 personas.

 


 

- La pregunta es, entonces ¿cómo se hace todo eso siendo tan nuevo en el mundillo?

Pues no lo sé. Es una locura. Y no sólo eso sino que pudimos contar con algunos de los mejores profesionales. Por ejemplo, a nivel de edición de sonido, hay tres personas que se reparten el 80% de las películas españolas, pues nosotros pudimos tener a uno de los tres. Otro ejemplo, el compositor es el que hace las bandas sonoras de Álex de la Iglesia; el técnico de sonido es el que hace la mitad de las películas de Almodóvar; los de efectos especiales fueron los que hicieron EVA. Brutal. Es decir, además de ser gente muy buena, era un nivel superior al que esperábamos para el proyecto indie que teníamos.

Y cada vez me reafirmo más: sí, fuimos muy megalómanos. Esta es una peli que nació de cuando yo estaba en la Facultad y leí un libro que se llama ‘Moteros tranquilos, toros salvajes’, que habla de una panda de hippies que llegaron a Hollywood y dijeron: “Vamos a cambiar todo”. Estos hippies se llamaban Scorsese, Coppola, George Lucas... Leí ese, y luego vino la de la generación de Miramax: Kevin Smith, Tarantino… y luego sobre la nouvelle vague; y leyendo y leyendo me dI cuenta de que estos tipos hacían cosas que no tenían razón de ser y triunfaron. Ahí es cuando me dije: “Yo también quiero”. La idea fue: “vamos a vivir una aventura loquísima en Letonia”.

 

- ¿Por qué Letonia?

Sí... Eso me pregunto yo. La cosa es que conseguimos una productora letona que vivía en Rusia, que luego fue la que a una semana del rodaje nos dejó sin 120.000€, pero bueno. Esa productora, viendo que queríamos rodar en Rusia nos dijo: “Mira el tema burocrático allí es súper complicado, mejor iros a Letonia que es el lugar ideal, ya que a parte de los lugares más turísticos, el resto está igual”. Y así fue.

 

- ¿Y cómo fue el rodaje por allí?

Nos pasó de todo. Tuvimos el peor rodaje de la historia, se lo cuento a la gente y no me acaba de creer. Lo gracioso es que nos empezó a pasar todo desde el día uno, y al segundo día de rodaje viendo el panorama que nos esperaba, cogí una cámara oficial del rodaje y le dije al chico que llevaba las redes sociales que lo rodara todo y que nadie le podría decir nunca que apagara la cámara. Lo grabó todo y montamos un “bronking of”, pero es tan bestia que decidimos quedarnos el material para nosotros y no publicarlo.

Para que te hagas una idea, la chica de la productora que al final nos iba a dejar colgados gestionaba algunas localizaciones. El último día de rodaje llegamos a rodar a una fábrica de altavoces que había sido la más grande de Europa durante la época de Stalin. Los siete edificios ahora solo trabajaban treinta personas. Imagínate la estampa. Nos recibe el dueño, un joven de 30 años, con una camisa hawaiana, con colgantes de oro y bermudas. Cuando nos dice que podemos pasar a dejar nuestras cosas y después de enseñárnoslo todo nos dice “¿Cuando empezamos a rodar el spot?”. Y es cuando me pregunté “¿Qué leñe pasa aquí?”. Me enseña un papel, y resulta que la chica se había comprometido a que rodásemos un spot para la empresa a cambio de que nos dejara la localización. Lo peor de todo es que en el papel estaba mi firma, y yo nunca firmé ningún papel de esos y menos en ruso.

 

- ¿Y al final?

Ya después de todo lo que nos había pasado... Pues venga, tiramos para adelante.

 

- Y después de todo lo que habíais liado con el crowdfunding, ¿merece la pena?

Depende, yo no lo haría otra vez. Aunque también te digo que si volviera cinco años atrás en el tiempo haría lo mismo y cometería los mismos errores y tomaría las mismas decisiones. No defendería el crowdfunding a muerte, pero sí que animaría a la gente a que pasara por lo que nosotros pasamos.

 

- ¿Crees que puede ser una vía real de financiación para el cine en un futuro?

Para un largo no. Es una cosa maravillosa y algo horrible a la vez. Para cortos tiene su razón de ser, pero para grandes cantidades es una locura, son demasiadas las posibilidades de que salga mal y es demasiado riesgo. No me arrepiento de nada, pero no lo volvería a hacer.

 

- ¿Y con el tema de los salarios? Es decir, no acabó cobrando nadie y además se os añaden deudas con el ICAA...

No, no cobró nadie y eso fue una de las raíces de los problemas que surgieron con el ICAA. De momento seguimos en un juicio que probablemente perdamos. Todo esto acabará siendo un marrón para nuestros inversores y personalmente ya ni me lo imagino. Este aspecto ha acabado siendo muy frustrante, porque todo fue a raíz de un malentendido entre el departamento de dirección que nos dijo que no habría ningún problema y el departamento contable del ICAA que nos reclaman unos sueldos que no pagamos, porque así estaba estipulado en el contrato y en un principio nos dijeron que todo estaba correcto.

Es decir, yo creo en el hecho de que la gente tenga que pasar por un periodo de trabajar gratis, formarse. Después de estar yo siete años trabajando gratis, y no solo en mi proyecto sino en otro, de verdad que lo creo así, siempre que se haga de un modo sano y se aprenda. No creo en aquellos que abusan y explotan a los becarios. Es por eso que a estas alturas de mi vida sé que nunca le pediría a nadie más que volviera a trabajar de este modo a mi lado. No creo que el cine se tenga que sostener así. Hay que hacerlo cuando está empezando, hay que encontrar el equilibrio.

 

- En la web de Riot, la productora (que finalmente cerró), decís que ‘El Cosmonauta’ es la película “que nunca debió existir'”. ¿Realmente lo piensas?

Sí. Es una película que no tiene razón de ser. Me encanta que exista, pero no tiene lógica racional que haya existido. La película era indie total, de autor, pero la manera de hacerla, de promoverla, y todo era de blockbuster. El gran error de esta película fue que quemamos todos los barcos después de 4 años y medio de mucho esfuerzo personal, y la realidad fue que llegó el día del estreno y ya no quedaba nadie. Para que esta peli fuese todo lo que aspiraba, tendríamos que haber invertido las mismas horas y personas que invertimos al principio del proyecto para venderlo, porque al llegar el estreno sólo quedábamos los tres compañeros del inicio, cansados, sin dinero, y muy quemados.

 

- ¿Te volverías a embarcar en un proyecto parecido?

Estoy en un punto que me he quemado mucho de todo esto, y lo que he aprendido es que el cine no es un lugar donde llevar a cabo el espíritu innovador con el que empezó esta peli. Es muy frustrante, como chocarse contra un muro. Ahora, tanto el crowdfunding como los estrenos day and date se están empezando a ver, cuando a nosotros nos llamaban chalados. Ojalá con el tiempo estemos ahí entre los poquitos proyectos que empezaron un cambio, y yo me alegraría mucho por ello, pero ya no hay fuerzas para seguir con todo eso en el mundo del cine.

 

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