La delirante ‘Las brujas de Zugarramurdi’ reúne de nuevo a Álex de la Iglesia con su habitual guionista.

 Álex de la Iglesia vuelve al espíritu de sus películas de los 90. Gamberro y disparatado como siempre pero recuperando su pericia con la fantasía y la comedia negra deslumbrante de películas como ‘El día de la bestia’ o ‘Acción mutante’.

Además, ‘Las brujas de Zugarramurdi’ supone retomar su colaboración en el guion con Jorge Guerricaechevarría, con quien ha trabajado casi siempre pero que no formó parte ni de ‘Balada triste de trompeta’ ni de ‘Las chispa de la vida’.

Antes de su presentación en la Midnight Madness del Festival de Toronto y de su participación fuera de concurso en el Festival de San Sebastián, pude entrevistar a Guerricaechevarría para que nos contase los detalles de este proyecto, en el que trabajó prácticamente un año con De la Iglesia.

‘Las brujas de Zugarramurdi’ es una comedia muy intensa y con un poso dramático subterráneo pero importante.  “Normalmente, aciertas con una buena comedia cuando el material que tienes entre manos podría ser un drama”, confesa Guerricachevarría, quien, dentro de esta película coral, reconoce haber disfrutado especialmente escribiendo el personaje del taxista  que interpreta Jaime Ordóñez y, consecuentemente, la escena del taxi con seis personas dentro.

- En las dos últimas películas de Alex no has participado. ¿Queríais tomaros un descanso o es que ha sido por agendas o la casualidad?

En la primera, en ‘Balada’, yo estaba haciendo otras cosas y cuando ya pude ver cómo estaba el tema, él ya había avanzado mucho y tenía más sentido que siguiera él solo porque a nosotros nos gusta trabajar juntos desde el comienzo de la idea, y trabajarla y elaborarla. En la otra (‘La chispa de la vida’) era un guion americano que ya estaba escrito, así que lo que se hizo fue simplemente pasarlo al español y lo hizo él solo.

No era ninguna voluntad ni de romper ni de darnos un descanso, simplemente no coincidieron las cosas. Pero tampoco viene mal y, además, llega un momento en que eso de todas las pelis juntos… Pues sí o no. No es algo imprescindible, es que siempre ha surgido porque siempre nos ha apetecido.

- La película trata tangencialmente la crisis económica. ¿El proyecto es por tanto reciente o viene de hace tiempo y se ha adaptado a las circunstancias?

El proyecto se desarrolló en poco tiempo y nos ha pillado en medio de esto. Nuestro miedo al comienzo era que quizás cuando saliera la película podíamos estar en una situación totalmente distinta y que esto quedase un poco fuera de lugar. Sin embargo, la crisis ha ido a más y, lamentablemente, no solo no está fuera de lugar sino que cada día es más verosímil lo que se plantea, aunque sea un disparate y una comedia.

De hecho, planteamos en el guion esta idea de un padre separado que entra a robar un ‘Compro Oro’ con su hijo y, después, investigando cosas para otro guion, me encontré con una noticia de una caja de ahorros que la habían atracado un padre y su hijo. El hijo tenía 15 años, no tenía 9 pero, bueno, que la realidad nos va alcanzando.

- ¿Cuándo Álex te contó el proyecto qué base tenía?

Él quería hacer una película de brujas y había una serie de elementos que ya habíamos hablado. Cuando trabajas con alguien tantos años, hay cosas que hablas y se quedan ahí estancadas. Esa idea de hacer una película de brujas la teníamos desde hacía mucho tiempo. Y el viaje a Zugarramurdi lo teníamos pendiente porque yo había estado pero Álex no.

Surgió la oportunidad porque a un productor le interesó el concepto de una comedia sobre brujas. En el comienzo lo que teníamos era la idea de unos personajes que de un robo acaban en Zugarramurdi.

- Aparte de con Álex, trabajas a menudo con Daniel Monzón. ¿Qué destacarías de su forma de encarar el proceso de guion y en qué se diferencian más?

Álex tiene un mundo propio y la comedia le vuelve loco. Con Álex a veces lo que tienes es que ordenar y buscar un sentido a una serie de imágenes a cosas que están en su cabeza y que son muy potentes. A la vez, intentar que en ese proceso no se pierda la frescura y la espontaneidad que puedan tener.

Hay veces que algunos guionistas a veces se quejan de que, luego, al ver la película todo se desinfla y es la mitad de lo que habían imaginado. Pues en el caso de Álex siempre es un tercio más de lo que se había planteado. Siempre va para arriba, es como un suflé que sube y sube. Eso te da muchas garantías cuando escribes porque sabes que no lo van a rebajar. Si piensas en una cueva con miles de brujas, pues hay una cueva con miles de brujas y más de las que te habías imaginado.

Por parte de Daniel, aunque él tiene una parte de comedia importante, yo he trabajado con él más en otros géneros. Y me gusta mucho que el trabajo sea diferente. A Daniel le gusta mucho apegarse a la realidad aunque luego la transforme. En las películas que hemos hecho, hemos trabajado con artículos de periódicos, con entrevistas a personas en esas situaciones a reflejar…  Inventamos a partir de esos elementos, que a veces te dan sorpresas y a las que nunca hubieras llegado si no te las cuentan.

- A pesar de esas diferencias en la manera de trabajar, ¿con Álex en este caso, al tratarse de un tema de brujas que remite a un proceso real y antiguo, os documentasteis más?

La película es un delirio pero como es una historia que teníamos ahí desde hace tiempo, pues sí que vas acumulando datos, libros, etc. Efectivamente, hemos leído los procesos de Logroño de las brujas de Zugarramurdi. Yo había visitado la cueva con alguna intención hace años…

Entonces, cuando cuadran, recuperas la memoria de todo eso pero como no es nada realista, no tienes que volver al material porque ya te lo sabes. Es lo que destila el material lo que utilizas. Pero sí que tiene una base real, de hecho, el nombre del personaje de Carmen Maura está sacado del proceso. Y curiosamente su familia todavía vive en Zugarramurdi. Cuando Álex fue a rodar allí, se encontró un caserío con el nombre y pensó: ‘No puede ser’. Y al llamar a la puerta le dijeron que sí, que eran la familia, que siempre habían vivido allí.

Y luego en la película se trata esta idea de que Dios es mujer. Es algo que siempre nos ha obsesionado a partir de un libro que se llama ‘La Diosa Blanca’ de Robert Graves, que hace un estudio de cómo en los orígenes de la religión la idea de Dios es siempre una mujer. Es la fecundidad, es la vida. Luego eso se va transformando en el judaísmo y se cambia en que Dios es un hombre y la mujer es impura y es inferior. Eso es un proceso que durante miles de años no ha sido así. Además, venimos de un lugar como el País Vasco en el que las religiones primitivas han dejado un sustrato que quizás está más vivo que en otras regiones. Todo eso lo hemos echado en esta caldera. Hemos mezclado la realidad, la Historia…

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