Se ha estrenado 'Arraianos' simultáneamente en cines, plataformas online y DVD.

Una película que ha tenido un brillante recorrido por festivales internacionales. Fue la única representante española en la edición 2012 del Festival de Locarno, Gran Premio Vanguardia y Género en el argentino BAFICI, Premio Nuevo Talento en el Festival de Cinema d´Autor de Barcelona y Premio Nuevas Olas en el Festival Europeo de Sevilla.

La película también supone una consolidación del cine de autor gallego, que empieza a dar razones para hablar de un nuevo ‘Novo Cine’ a la manera de la vecina región portuguesa. Al amparo de la productora Zeitun Films, han germinado propuestas como ‘Todos vós sodes capitáns’ de Oliver Laxe, ganadora del premio FIPRESCI de la Crítica en la Quincena de Realizadores de Cannes 2010; y ‘Costa da Morte’ de Lois Patiño, que participó este año en la categoría de Cineastas del Presente en Locarno.

‘Arraianos’ es una película entre la ficción y el documental. Entre Galicia y Portugal. Entre la realidad y el mito. Este segundo largometraje de Eloy Enciso, tras ‘Pic-Nic’, está inspirado en la obra teatral ‘O bosque’, de Jenaro Marinhas del Valle.

 

- Tu primer largo y los cortos que hiciste en la escuela de San Antonio de los Baños de Cuba se encuadraban en el documental puro pero en este caso es más un híbrido con la ficción. ¿Ha cambiado tu manera de enfrentarte a este proyecto al buscar esa frontera o has intentado llevar tu experiencia en el documental a la ficción?

 

Un poco las dos cosas. Llegué al proyecto intentando aprovechar la experiencia que ya tenía en un cine documental más estricto, y luego quería intentar hacer algo que no había hecho antes. Creo que hay que intentar salir de la zona de seguridad. Hablamos mucho de esto al encarar el segundo rodaje. Muchos autores crean un lenguaje, un sello propio, pero luego al final acaban un poco ahogados por no salir de esa zona de seguridad. Formatean y miran todo igual.

 

- Sí, sobre todo cuando han tenido éxito y hay gente que espera esa determinada autoría o sello.

Sin decir nombres, hay un cineasta muy conocido aquí en España que, para mí, le pasa eso desde hace tiempo. Está encerrado en sí mismo (…) La necesidad que tuvimos para realizar un segundo rodaje fue, en parte, por confiarnos con lo que creíamos que sabíamos hacer. Como la parte que tiene que ver con la ficción era lo que no sabíamos hacer, nos concentramos en eso, y la parte del seguimiento cotidiano más cercano al cine documental que nosotros habíamos practicado ya, lo dejamos para el final y luego ese material era escaso y faltó trabajo ahí. Tenía poca fuerza.

 

- En el cine documental se graba mucho material y luego se desecha la mayor parte hasta que encuentras la película. ¿Seguiste también esta dinámica?

 

Sí, sí. En ambos casos se filmó más o menos la misma cantidad. Había mucho material y, de hecho, en las partes en las que los actores encarnan esos fragmentos del texto ‘O bosque’ hubo muchísimas repeticiones. No había tanto un proceso de buscar, ya que sabíamos lo que teníamos que filmar. No me gusta mucho decir números pero en muchos de los planos pudimos llegar a 10 o a veces más de 20 tomas precisamente para encontrar el tempo y el tono.

Luego en el proceso de montaje hay un trabajo de selección, de encontrar entre todo ese material, que contiene varias potenciales películas, una opción. José Luis Guerín decía que el cine de la realidad es el arte de la renuncia. Tienes que renunciar a un montón de material, un montón de cosas que son interesantes pero solamente puedes hacer una película.

 

- En los créditos he visto que en el apartado de guionistas también aparece Mauro Herce, que es el director de fotografía (Eloy apunta que también se ha añadido a Manolo Muñoz, el montador). Me parece interesante esa aportación del responsable de fotografía a esa parcela. ¿Cómo ha sido su contribución?

 

Muy grande porque el proceso de la película fue bastante abierto, de darse el tiempo de la búsqueda, que a veces era un poco errática pero con el privilegio de seguir las intuiciones. Y equivocarse, que es una cosa que el cine convencional no se permite por razones políticas y estructurales. En esa búsqueda, y al ser un equipo muy pequeño, la capacidad de proponer se abre y también sobre todo al director de fotografía. En una película que trabaja con la realidad en tiempo directo, obviamente el director de fotografía tiene un protagonismo muy grande.

Pero a un nivel no solo de luz y encuadre, sino a otros niveles, y por supuesto también en montaje. En el montaje se tiene que definir todo y tiene que haber una persona que haga de poli malo, y ahí el montador tiene una influencia muy grande sobre la historia que se está contando.

 

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