- Y luego, aunque lo que has hecho no entra dentro del cine de género, es que esa propuesta ayuda a la intriga. En ‘Room’ también lo he percibido, ayuda a tener curiosidad sobre el qué está pasando.

Esto yo creo que es un defecto de montador. Bueno,  un defecto o una virtud.  Como montador, en realidad, lo que haces es administrar la información de una peli. Cuánto te anticipo o no te anticipo. Yo montando soy muy de intentar anticipar poco y mantener al espectador atento.

¿Cómo trasladas eso a un guion? Por ejemplo, que en una comida de trabajo le diga ‘bueno, pues esta noche nos vemos en mi fiesta de cumpleaños’, que sería una fórmula muy canónica de construcción de guion de anticipación. Yo en vez de eso, la pongo fumándose un porro en la ventana vestida por la noche y entonces puedes preguntarte: ‘¿Esta qué hace?’. La ves andando por la calle. ‘¿A dónde va?’. Llama a un telefonillo y de repente la vemos tomándose una copa, hay un paneo y vemos a Manolo Solo abriendo un paquete. Te voy dando los elementos por detrás para que te mantenga atento.

 

- En varios de los cortos y en el largo hay mucha utilización de Internet, los chats, los mensajes de teléfono… Hay como una sensación de INCOMUNICACIÓN dentro de la supuesta comunicación que ayuda, según lo veo, a una especie de disfuncionalidad de las relaciones. ¿Eso te preocupa especialmente?

Sí, lo que pasa es que lo has dicho tú perfectamente (Risas). Sí, me interesan dos cosas. Una el cómo el desarrollo de la comunicación a nivel tecnológico lo que de alguna manera consigue es una mayor incomunicación. Yo así lo veo. Por otro lado, si tú le preguntas a Rebollo o a Jonás Trueba por un chat o tal, no lo van a filmar en la vida porque no les interesa y no les parece cinematográfico.

(…) Lo que hace Javier (Rebollo) es rodar los anuncios de los bocadillos de calamares de los bares antes de que desaparezcan y eso está guay. Rueda en ‘El brillante’ porque… bueno, ‘El brillante’ quizás no, pero muchos de esos dentro de poco serán ‘Starbucks’ y mierdas de estas. Mira, ‘El económico’ se mantiene más o menos todavía.

 

- Como tú dices la propia tecnología se queda obsoleta al poco tiempo. El no retratar la tecnología del momento es una forma de perder la oportunidad de dejar testimonio…

Yo creo que cada uno retrata en base a sus intereses. El tema de la tecnología a mí me interesa.  De hecho, Miguel Ángel (Rebollo), el dire de arte, cuando lee un guion mío que pone ‘se hace un café’, me dice: ‘Ya sé que no es con una cafetera italiana (Risas), ya sé que es con una máquina que hace ruido”. Sé que igual es más bella la cafetera italiana pero la otra que hace ruidos desagradables, pues forma parte del paisaje sonoro y visual de una cocina de hoy en día.

 

- Ahora que lo mencionas, de hecho el PAISAJE SONORO es muy importante en ‘La herida’.

Sí, sí. Nosotros la imagen la montamos en 3 semanas y tuvimos 8 semanas de sonido.  El montaje de sonido está apurado a tope.  Hay un montón de elementos en la peli que tienen que ver con el sonido.  Ella tiene un móvil que hace ‘clac, clac’ porque suena. Se come una manzana porque suena en vez de un yogur.  Hay una voluntad clara de que haya elementos sonoros que vayan marcando el ritmo en contraposición con el silencio. Curramos mucho con eso y le di muchas vueltas.

 

- Supongo que ser montador ayuda a entender esa importancia…

Claro, claro, del sonido y de los ruidos. Sobre todo porque, quitando una frase que le dice ella a Manolo Solo al principio de la película, en los siguientes 15 minutos no abre la boca ni Tato (Risas) Entonces, hay que jugar con elementos rítmicos que tienen que ver con el sonido.

 

- A pesar de estar cerca del personaje, hay una mirada casi científica. Es como los documentales de naturaleza de La 2 pero con personas.

Sí, hay algo de eso. A mí por ejemplo en literatura, en el cuestionario que me mandaste estuve a punto de poner ‘Crimen y castigo’, que es mi favorito, pero pensé que es un tópico, en el sentido de que no le hubiera aportada nada a nadie. Te puse ‘Teresa’ de Schnitzler porque es un retrato psicológico de miniaturista de un personaje. O como ‘La montaña mágica’ de Thomas Mann, en la que hay algo casi científico, el estar observando esa rutina cómo va variando. Y eso me interesa pero hasta qué punto es no está ya en Bresson. ‘Pickpocket’ es ‘Crimen y castigo’, de hecho. O ‘Mouchette’.

Pero siempre con mucho cariño hacia el personaje.  Por ejemplo, yo al personaje de Ana le tengo mucho cariño, más que a ningún otro que haya retratado nunca. Y eso está en las pelis de Bresson. Tú ves ‘Al azar de Baltasar’ y hay como un cariño hacia la niña. Un retrato muy minucioso pero desde el amor.

 

- Porque no es una distancia irónica…

Claro, no es Kaurismäki.

 

- Claro, eso te iba a preguntar. En la lista de directores de tu cuestionario he visto que has puesto a Kaurismäki, Roy Andersson, Tati…  Son cineastas que, con esa distancia, muestran al ser humano de una manera absurda, que es una forma de distancia diferente a la tuya…

Es que a mí me gustan muchas cosas. Hombre, Kaurismäki está conectado directamente con Bresson, con Ozu y con Frank Capra. Roy Andersson me parece tan fascinante lo que hace... Además, has dicho Tati pegado y en Andersson hay como algo de Tati. Además, los dos están locos perdidos. A mí me interesa mucho la forma aunque en esta peli tiene esta forma concreta, yo mataría por poder rodar como rueda Roy Andersson.

 

- En el cuestionario y en la lista he visto una  mayoría de CINE EUROPEO. ¿Es el que más te gusta y con el que más te sientes identificado?

No me lo he planteado. Me gusta mucho el cine americano, el cine clásico me apasiona. El cine asiático a mí me gusta mucho, desde el más obvio a Terayama, a pelis de Teshigahara como ‘The face of another’ y ‘La mujer de las dunas’. Ozu es uno de mis directores favoritos. Habrá salido así.

 

- Sí que la película tiene una mirada como centroeuropea, quizás, ¿no?

Sí, de hecho, Alberto Bermejo en ‘Días de Cine’ dijo algo así como que la película parecía rumana.  Dijo: “Parece una película rumana y si hubiese sido rumana, hubiera estado en Cannes”. Bueno, vale, te has venido un poco arriba (Risas) O sea, genial que lo piense.

También decía: “No parece española”.  ¿Qué es una película española?  ¿‘El cant dels ocells’ de Albert Serra parece española? ¿’Los pasos dobles’ de Isaki Lacuesta parece española?

 

- Cuando ha salido la película ha habido muchos comentarios del tipo ‘Fernando Franco pasa del MONTAJE a la DIRECCIÓN’ pero, según tengo entendido, tu primer interés estaba en la dirección (Lo confirma) ¿Por qué te metiste entonces a Montaje en la ECAM?

Yo quería dirigir pero me preocupaba mucho cuál era el mejor sitio para aprender a dirigir. Yo me presenté a las dos ramas y me admitieron en las dos y tenía que elegir una. El impulso natural sería meterse a Dirección, que se han presentado 500 y en Montaje se han presentado 50. 

Pero pensé: “¿Qué vas a aprender más,  en un aula que estén analizando ‘La diligencia’ que eso lo puedo hacer yo en casa, o en una sala de montaje viendo el material y estando con un director? Y pensé que en una sala de montaje iba a aprender más.  Y luego hay una parte práctica en el asunto. Si yo salgo de la escuela con un título de Dirección, ¿qué coño hago? ¿Me lo meto por el culo? (Risas) Tengo un título de director de cine pero soy camarero. 

Yo solo dirigiré cosas que a mí me interesen. A mí me han ofrecido pelis como encargo y he dicho que no. Si yo tengo un oficio con el que ganarme la vida, me puedo permitir luego elegir hacer un proyecto mío personal  o un encargo que me mola pero no tener que hacer… no sé, es que a mí ofrecieron una cosa muy loca, una película de adolescentes. Si hubiese estudiado Dirección en la escuela, yo hubiera hecho esa peli de adolescentes porque no me hubiera quedado más huevos en plan ‘bueno, es la manera de meter cuello y tal’. Yo me gano la vida montando y me encanta montar.

 

- También trabajando en montaje se ven mucho los errores y los aciertos. ¿Qué errores sueles ver?

No puedo decirte nada concreto. Hay cosas concretas de puesta en escena que el propio director te dice: ‘No, joder, esto lo rodé así y lo tenía que haber rodado más asao’. Tienes conversaciones que tienen que ver con la puesta en escena y con dirección de actores pero con el material delante, pudiendo analizarlo. (…) Es como si estuvieses teniendo una masterclass todo el rato.

O incluso tú ves algo que te parece bueno o malo, le preguntas al director y él te explica por qué es así o su intención concreta en eso. (…) Aprendes que hay una gran cantidad de imprevistos y que, como director, si no tienes cintura, eres elástico y capacidad resolución, no sale.

 

- Puede resultar paradójico que, siendo montador, ‘La herida’ tiene muy pocos cortes. Le has dado fuerza al no montar.

Claro. Me pone la idea de no tener margen luego en montaje. Que si funciona, funciona. Entonces, todo el montaje es interno, está planteado dentro del plano. Aparte de que para dirigir actores me gusta más el plano secuencia.

 

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