Conocemos al responsable de ‘Cuando dejes de quererme’, el bilbaíno Igor Legarreta.

Hace escasas fechas se estrenó en salas de cine ‘Cuando dejes de quererme’, un thriller acerca de dos argentinos que regresan a Euskadi para desentrañar un misterio familiar

Rodada en el País Vasco y Buenos Aires, el reparto, encabezado por Flor Torrente, Miki Esparbé y Eduardo Blanco, incluye también a Joaquín Climent, Antonio dechent, Eneko Sagardoy, Kandido Uranga, Josean Bengoetxea, Itziar Aizpuru y  Mario Pardo.

Nacido en Bilbao en 1973, Igor Legarreta debuta, con este film, como director en el largo. Ya había dirigido previamente cortos como ‘El gran Zambini’ o ‘El trabajo’, así como la segunda unidad en ‘Zipi y Zape y la Isla del Capitán’ de Oskar Santos y ‘Autómata’ de Gabe Ibáñez, añadiendo en esta última la labor de coguionista.

He contactado a Igor Legarreta para que participe en los especiales Ópera Prima de Vampyr y a través de este enlace puedes consultar su listado comentado de 10 títulos de cabecera para él.

A continuación, lee las respuestas de Igor Legarreta, debutante con Cuando dejes de quererme, al Cuestionario Ópera Prima de Vampyr:

 

- Tu vocación de cineasta,  ¿es precoz o tardía?

La afición al cine es precoz, de siempre, diría. La consciencia de querer hacer películas llegó más tarde. Creo recordar que no es hasta los 16-17 años cuando caí en la cuenta de que, realmente, podía llegar a hacer películas. Por algún motivo me parecía una profesión fuera de mi alcance.

 

- Películas que te marcaron y te hicieron empezar a ver el cine como algo especial a lo que te querías dedicar

Crecí viendo mucho cine en televisión y lo que podía en las salas. En mi memoria se mezclan westerns de John Ford con películas de aventuras de los ochenta. Pero quien despertó en mí el interés por el lenguaje cinematográfico fue Alfred Hitchcock. Soy muy fan.

 

- De tu trabajo anterior (cortos, videoclips, etc.), ¿de qué obras estás más satisfecho?

‘El Gran Zambini’ (2005), cortometraje codirigido con Emilio Pérez, aún se suele exhibir de vez en cuando. Es algo que me hace ilusión, saber que un cortometraje rodado hace ya bastante tiempo continúa hoy día vigente.

 

- ¿Cuáles fueron las mejores enseñanzas de esa etapa?

De todo se aprende. Sobre todo vas adquiriendo la dinámica de trabajo en equipo y aprendes a lidiar con lo imprevisible, algo inherente al cine. También creo que fue un periodo en el que, poco a poco, vas perdiendo respeto al storyboard de hierro.

 

- ¿A qué tenías miedo al enfrentarte a tu primer largometraje?

Entre miedo y curiosidad; verme a mí mismo desenvolverme entre más de cuarenta personajes, dos continentes, tres épocas diferentes, mezcla de varios tonos… Hasta que no ruedas una primera película no sabes si eres realmente capaz de manejar tantos elementos.

 

- ¿Ha sido una odisea conseguir llegar a rodarlo?

Ha sido muy largo, sí. Dificultades para lograr completar la financiación, dificultades para cerrar el reparto... Todo un máster en paciencia, cualidad fundamental para hacer películas.

 

- ¿Qué ha sido lo más gratificante y lo más fastidioso de tu ópera prima?

Lo más gratificante ha sido sin duda el trabajo en equipo, sentir que todo el mundo pelea y se deja el alma por hacer la mejor película posible. Sentir que tienes la confianza de ese equipo es algo muy gratificante. Y darte cuenta de que hay mucho de amor al arte en ese esfuerzo. Te vas a casa pensando que realmente la gente del cine es de otra pasta.

Lo más fastidioso es la distancia con los tuyos. El trabajo te absorbe y tu relación con el mundo fuera del cine queda en modo pausa.

 

- Tres conceptos que resuman tus ambiciones estilísticas o tu mirada cinematográfica.

La verdad es que me parece un poco pedante hablar de mirada propia con solo una película. Le doy mucha importancia a la puesta en escena. Me gusta plantear cada secuencia con una intención concreta, y siempre dentro de una apuesta estética conjunta.

Y creo en cierto rigor narrativo, que cada plano adquiera un valor concreto. Me esfuerzo porque, de alguna forma, lo que ruede resulte digno de ser contemplado.

 

- Un punto débil a mejorar como director.

Me queda mucho por aprender. Sé que aumentaré mi capacidad para la improvisación. Y que la propia experiencia hará que pueda ver antes lo que puede o no puede llegar a funcionar en la pantalla.

 

- ¿Te preocupa más el fondo o la forma en tus películas? Y no, no vale decir que ambos por igual.

Si me obligas a elegir, te diré que me preocupa más el fondo. Hay más películas con fondo pero formalmente “descuidadas” que me gustan que a la inversa. Pero la verdad es que no sé hacer películas sin preocuparme por la forma (Se ríe).

 

- Hitchcock dijo que hay que tratar a los actores como ganado. ¿Cómo te gusta dirigirlos a ti?

A mí me gusta tratarlos de la misma manera en la que me gusta ser tratado. Creo en el diálogo y en el respeto mutuo. También creo en el director como la figura que defiende la visión completa de la película, no sólo la parte del rodaje. Y creo en los actores y las actrices que creen en ello.

Llevo mal el divismo, la verdad. Básicamente, porque me parece una falta de respeto hacia el grupo.

 

- ¿El director debe ser un poco déspota?

A mi entender la mano derecha está sobrevalorada. Por algún motivo que desconozco, en el cine  —y en España en general— se valora el grito y la falta de respeto. Pero esas son formas castrenses, me parece. El verdadero respeto se debe ganar de otra manera. Lo otro es jugar con el miedo.

Creo, de todas formas, que afortunadamente la figura del déspota está quedando obsoleta.

 

- 5 directores que estén entre los que más te han influido o con los que más disfrutas

Pues dejando fuera muchos nombres fundamentales, y obviando al mentado Hitchcock, te diría que he crecido con el cine de John Ford, que a Martin Scorsese no le perdía la pista durante el instituto, que Sam Peckinpah me sacudió durante la facultad, que Joel y Ethan Coen siguen siendo una cita ineludible, y que Stanley Kubrick sabía bien de qué iba todo esto.

 

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