El director de fotografía Mauro Herce debuta con ‘Dead Slow Ahead’ como director.

‘Dead Slow Ahead’ es un documental en el que nos adentramos en un carguero que atraviesa el océano, sumergiéndonos en la cadencia hipnótica de sus engranajes. Son los últimos gestos del oficio de los marineros.  Un viaje dentro de una nave a la deriva, o el último ejemplar de una especie en extinción.

La película ha tenido un importante recorrido festivalero. En dicho periplo destaca el Premio Especial del Jurado Cineastas del Presente del Festival de Locarno, el Premio a la Mejor Película en DocLisboa, y la Mención Especial del Jurado de la Sección Nuevas Olas  en el Festival de Sevilla.

Mauro Herce reivindica el cine como experiencia sensorial, por lo que estima fundamental ver la película en salas de cine. La obra acaba de ser estrenada comercialmente en Francia y ahora CineBinario la distribuye por España de manera limitada y con un formato de gira a través de filmotecas y centros culturales.

Nacido en Barcelona en 1976, Mauro Herce estudió Cine, en la disciplina de Fotografía, en la Escuela de San Antonio de los Baños (Cuba). Ha sido director de fotografía de películas como ‘Arraianos’, ‘A puerta fría’, ‘Mimosas’, ‘Las dos vidas de Andrés Rabadán’, ‘Slimane’, ‘Los niños salvajes’, O quinto evanxeo de Gaspar Hauser’ y ‘Ocaso’.

 

A continuación, puedes conocer en profundidad al director de ‘Dead Slow Ahead’ gracias al Cuestionario Ópera Prima:

 

- Tu vocación de cineasta,  ¿es precoz o tardía?

He sido un gran cinéfilo desde pequeño. Tuve la suerte de que en mi casa había buenas películas. Mi madre tenía un conocimiento bastante vasto y cualitativo de la Historia del Cine. Por mi casa desfilaban precozmente un montón de directores que me gustaron mucho en su momento y que han seguido siendo de mis favoritos más tarde.

Relativamente pronto pude ver películas de Fassbinder, Bergman, Fellini, Tarkovski, etc. También podíamos ver una película “comercial” americana sin ningún problema. Nos encantaba también ver ‘Blade Runner’, ‘Alien’ o cosas así. Se mezclaba todo sin hacer ningún tipo de diferencia.

Como cineasta, yo me inscribí en la Escuela de Cuba en el apartado de Fotografía y venía de estudiar una Ingeniería y también Bellas Artes. En Bellas Artes me cansé de discursos un tanto inasibles y frecuentemente flojos, que además podía aprender de forma autodidacta. En cambio, la parte técnica me parecía más transmisible en una escuela y más útil. Me apunté a Fotografía porque se me daban muy bien las ciencias y me gustaba mucho la pintura y el cine. Me parecía que era el lugar donde hacer congeniar todo eso.

 

- Películas que te marcaron y te hicieron empezar a ver el cine como algo especial a lo que te querías dedicar

No sé si hubo alguna revelación fulgurante. Como desde pequeñito había estado viendo cine, era una cosa natural. Lo que sí que pudo pasar, pero no sé si fue debido a una película, es que, en un momento determinado, hacia los 20 años, me di cuenta de que las películas que me encantaban las hacían personas y que había gente que se dedicaba a hacerlas. Esto que parece una tontería fue una especie de revelación.

Empecé a ver las películas de otra manera. Lo había estado haciendo siempre pero empecé a fijarme más en cómo estaban hechas mientras las veía.

 

- De tu trabajo anterior (cortos, videoclips, etc.), ¿de qué obras estás más satisfecho?

De manera curiosa, no tengo la impresión de que ‘Dead Slow Ahead’ sea mi primera película. He hecho más de 20 películas como director de foto y dentro de ellas hay cinco o seis que hemos hecho con una especie de grupo de la Escuela de Cuba y en las que se ha trabajado de forma un poco horizontal. A veces yo me iba a filmar cosas por mi cuenta o podía poner en escena alguna secuencia. Todos hemos colaborado haciendo más que sólo nuestras funciones.

Una que me gusta mucho y que sería muy representativa de esto sería ‘Arraianos’, que de alguna manera sería precursora de esta de ahora. Luego estarían ‘Ocaso’ o ‘Slimane’, que también se hicieron con el equipo de la Escuela de Cuba. Otras que también me gustan, porque también siento  afinidad con los directores y el proceso, son ‘O quinto evanxeo de Gaspar Hauser’ y ‘Mimosas’.

 

- ¿Cuáles fueron las mejores enseñanzas de esa etapa?

A diferencia de compañeros que estudiaron solamente Dirección o que a lo mejor han tenido menos suerte al acabar los estudios, nada más terminar empecé a hacer películas como director de foto. En 8 o 10 años, yo ya había hecho un montón de películas.

Eso me permitía tener una cierta agudeza en la mirada, si se puede decir sin que suene pretencioso. Me daba unos reflejos y una velocidad de visión diferentes. Cuando empiezas, al menos en mi caso, me conformaba más con lo primero que pasaba. A medida que ganas en experiencia, te das cuenta de que hay que precisar más las cosas y debes llegar más lejos. La experiencia es muy importante.

 

- ¿A qué tenías miedo al enfrentarte a tu primer largometraje?

Siempre está el miedo de hacer una buena película, de que acabe expresando las cosas que te gustaría que contase, y que lo haga con rotundidad y rigor.

Ese miedo está siempre. Sobre todo porque en mi proceso de trabajo me gusta dejar mucho espacio para que surja la verdadera revelación durante el proceso, en el rodaje y el montaje. Sabía que lo más valioso lo iba a encontrar en el lugar y que, si tenía suerte y estaba atento, acabaría pasando algo. Tengo mucha confianza en eso: cuando te pones en un estado de disponibilidad muy fuerte, acaban pasando cosas.

 

- ¿Ha sido una odisea conseguir llegar a rodarlo?

Estamos hablando de cantidades pequeñas. En España he tenido cuatro ayudas pero la suma es muy pequeña. Estas entidades, cuando conceden una ayuda, suele ser de valor mayor. Por un lado, no me quejo pero con ese dinero apenas he podido pagar todo el proceso y las personas que han trabajado en la película.

Si yo tuviera que ganarme la vida con este dinero, sería imposible si no fuese director de foto.

 

- ¿Qué ha sido lo más gratificante y lo más fastidioso de tu ópera prima?

Lo más gratificante es que he podido hacer una película que, hoy acabada, me gusta mucho y la he podido hacer con toda la libertad que he querido. Yo soy muy crítico con lo que hacemos y es raro que me entusiasme algo. Le veo defectos pero, hasta el día que la veo más escéptico, me acaba arrebatando y sorprendiendo, y mira que la he visto muchas veces. Creo que es una obra firme y que dice las cosas de manera singular y rotunda.

Luego, por supuesto, el reconocimiento que ha tenido en festivales es una alegría. Ha estado en más de 100 festivales en 13 meses y se ha llevado muchos premios, es una bestialidad.

Lo malo es que, a pesar de todo esto, el cine que a mí más me gusta, que tiene que ver con una forma de pensamiento y de relación con la realidad, está siendo desplazado a otros lugares de representación. El espacio de sala ha sido ocupado totalmente por los grupos de poder, por las majors y por fórmulas manidas y estándar.

 

- Tres conceptos que resuman tus ambiciones estilísticas o tu mirada cinematográfica

Mi argumento al respecto hasta hace poco era que el estilo nacía de la necesidad. Si tienes una necesidad profunda de decir algo, acabas encontrando una forma coherente de decirlo. Todas las decisiones que tomarás responderán de algún modo a esa necesidad.

Pero el otro día leí una entrevista que le hacían a un artista plástico mexicano, Gabriel Orozco, que me gustó, y decía que el estilo nace de tus limitaciones. A medida que vas haciendo proyectos, acabas siempre volviendo a las mismas cosas. Aunque quieras hacer una película diferente, de un tema muy diferente o quieras cambiar muchísimo la forma, hay cosas de las que no puedes escapar, y acabarás siempre volviendo de algún modo a ti.

En cuanto al proceso, me gusta trabajar con un guion muy abierto y tener una gran disponibilidad en rodaje para sentir las cosas de una manera profunda y transformadora. Ahí es cuando se da un verdadero aprendizaje del lugar en que se está o de uno mismo.

Luego, una preocupación de otro orden es una mirada melancólica, la impresión de que todo se terminará algún día. Siento gran fascinación por todo cuando me rodea, y saber que todo desaparecerá algún día, me causa mucho desasosiego.

En ‘Dead Slow Ahead’ no quiero ser simplista y decir: ‘nos lo estamos cargando todo’. Por supuesto que está pasando algo de eso pero también creo que el hombre intenta hacer lo que puede, y lo que hace es a veces aterrador, y a veces es fascinante.

 

- ¿Te preocupa más el fondo o la forma en tus películas? Y no, no vale decir que ambos por igual.

Para llegar a decir algo con profundidad, se tiene que decir con una forma precisa. Del mismo modo, no puede haber una forma poderosa sin tener nada que decir. Son cosas indisociables. Los grandes autores no solamente tenían la necesidad de decir sino que encontraban la mejor forma de hacerlo, la única acorde a lo que querían contar. Cuando forma y fondo corresponden, nace una obra poderosa, universal y longeva.

 

- Hitchcock dijo que hay que tratar a los actores como ganado. ¿Cómo te gusta dirigirlos a ti?

A mí me gustan mucho los no actores con facilidad para la cámara. Esto es lo que más me gusta aunque cuando estás con grandes actores también es una maravilla trabajar, aunque te lleva a otro lugar. Seguramente, en una próxima película con un guion más desarrollado, trabajaría con no actores.

Como yo he sido muy autodidacta y no he recibido clases de dirección de actores, las veces que he tenido ocasión de dirigirlos he utilizado el sentido común. Intentar ver cuándo se está tocando algo que es verdadero y, a partir de ahí, buscar un camino para llegar a buen puerto.

 

- ¿El director debe ser un poco déspota?

Creo que debes ser un poco egoísta porque, de alguna manera, tienes que conseguir que las personas hagan más de lo que normalmente harían. Para que sea una película interesante o importante, hace falta muchísimo trabajo y esfuerzo, por lo que tienes que conseguir que tu equipo se movilice de manera extraordinaria.

Y para eso hay que ser seguramente un poco egoísta y manipulador,  seducir a todo el mundo con tus ideas y conseguir entusiasmarlos. Si se es déspota pero no se seduce al equipo, no creo que dé buenos resultados porque no vas a conseguir ese plus, esa cosa extraordinaria que hace falta, para que la gente se involucre plenamente y quizá vibren con el proceso.

 

- 5 directores que estén entre los que más te han influido o con los que más disfrutas

He cambiado un poco a lo largo de la vida. Antes me gustaban los directores con un sistema muy fuerte como Ozu, Bresson, Hitchcock y, aunque no cumple tanto este criterio, John Ford.

Me siguen encantando pero ahora me gustan igual los viscerales y de algún modo imperfectos, con una fuerte necesidad de decir algo, emocionales y descompensados… Ahí estarían Minnelli, Sirk, Nicholas Ray, Pialat, Fassbinder, Pasolini, Herzog... Y luego hay otros que lo combinan un poco todo como Murnau. Pero, claro, también están Dreyer, Chaplin, Flaherty,…

Hoy, si tengo que decir cinco, quizás serían Murnau, Pasolini, Bresson, Cassavetes y Mizoguchi.

 

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