Felipe Lage abunda en que en Competición de Cannes “buscan propuestas con un alcance importante, no acogen apenas películas modestas o pequeñas, y eso viene marcado por lo que te puede permitir tu presupuesto”.

“El cine español solamente puede jugar en la liga de las películas más ‘indies’, las óperas primas, las de bajo presupuesto en términos europeos y eso reduce muchísimo las posibilidades de tener una película optando a la Palma de Oro. En nuestro país se producen muy pocas películas ‘festivaleras’ de alto o medio presupuesto. En España este tipo de presupuestos se destina al cine más comercial. Esto no es necesariamente ni bueno ni malo, pero es un hecho”, apunta Tono Folguera.

¿Qué se puede hacer? ¿La política cultural de las instituciones podría reconducir la situación? “Una política más ambiciosa daría unos magníficos resultados”, cree Emma Lustres. Luisa Romeo sugiere, concretamente, “un replanteamiento de cómo se invierte el 5% desde las teles”.

“Tiene que haber un sistema de incentivación donde el talento pueda desarrollarse con total libertad”, asevera David Matamoros, productor de Zentropa Spain, la división española de la empresa de Lars Von Trier.

Matamoros, de hecho, considera esto la clave, mucho antes que la envergadura de los proyectos: “El hecho de que una película pueda acceder o no al festival no depende directamente del presupuesto sino de una política cultural que permita un caldo de cultivo en base al ensayo-error, donde el talento pueda desarrollarse con total libertad”.

La relación del cine español con las instituciones públicas podría mejorar, indudablemente, ¿pero cuál es el papel de nuestra industria en la esfera internacional? Si uno se fija en el cine que compite en los grandes festivales, se dará cuenta de que es muy habitual la presencia de coproducciones internacionales y, en Cannes, en muchos casos apoyadas en la industria de Francia. Casualmente.

David Matamoros estima que “no hay una correlación entre protagonismo internacional y festivales”, si bien sí que “podría ayudar a desarrollar voces únicas, distintivas que sí podrían tener cabida en un festival”.

Las coproducciones, explica, se mueven básicamente para “captar recursos artísticos y financieros de diferentes territorios”. España sufre en este contexto porque, según dice Matamoros, “la coproducción internacional se rige, en muchos casos, por un principio de reciprocidad que es difícil establecer desde España”.

¿Por qué es difícil? Tono Folguera expone que, tal y como están organizadas las ayudas públicas, “es prácticamente imposible obtenerlas con una coproducción que no sea mayoritaria por parte española”. El principio de reciprocidad del que hablaba Matamoros implica que, en una producción, un productor será mayoritario pero en la siguiente le tocará ser el minoritario. “Si tú sólo puedes optar a ser el socio principal, llega un momento en que el resto de países empiezan a no considerarte una opción atractiva”, esclarece el responsable de Lastor Media.

Por otro lado, Emma Lustres no se olvida del peso de la distribución y comenta que “las compañías españolas que se dedican a la distribución internacional no tienen la fuerza en el mercado que tienen las de otras nacionalidades”.

La distribución tiene su relevancia también porque otro enfoque que se podría hacer es el de dónde interesa estrenar una película. España cuenta con un festival de clase A como San Sebastián, que en los últimos ha aumentado, si cabe, su papel como gran refugio del cine español de calidad. ¿Y si eso jugara en contra, por irónico que parezca? ¿Es una válvula de escape que acaba perjudicando el salto internacional de los cineastas españoles?

“Es una pregunta compleja de responder —reconoce Enrique López-Lavigne—. El Festival de San Sebastián conoce, responde y vehicula nuestras obsesiones y nuestra identidad. Es el festival que mejor comprende quiénes somos, sin duda, y es el escaparate más notable de nuestro crecimiento como cinematografía”.

Pongamos un ejemplo. ¿Puede ser que en España se prefiera ir a Competición en San Sebastián que a una paralela de Cannes, desde donde normalmente se van haciendo méritos para pasar a concurso?  “Yo, sin duda, prefiero ir a Donosti a sección oficial que a una sección paralela en otro festival prestigioso. Aquí hablo como productor, por supuesto, pero respeto el deseo del cineasta a verse confrontado en otros festivales internacionales en secciones alejadas de la oficial”, admite López-Lavigne.

Más allá del tamaño de las producciones, de la influencia de las políticas públicas o del resto de cuestiones antes mencionadas, no se puede obviar el mero cuestionamiento de la propia valía de nuestro cine. ¿Faltan grandes autores con la suficiente entidad artística como para acceder a la primera línea de los festivales que integran el Olimpo cinematográfico?

“Nuestro cine de autor es muy rico pero también está muy maltratado. (…) Yo no creo que falten grandes autores, porque los tenemos. Quizás no los valoramos lo suficiente. Hay que darles un marco estable creativo, financiero y de recursos para que se puedan desarrollar y crecer bien”, recalca David Matamoros.

Felipe Lage coincide en que “en España sobran autores con talento” y que es necesario arroparlos: “Si tuvieran el apoyo necesario de televisiones y administraciones, habría películas en Competición con frecuencia. Me atrevería a decir que una cada año, seguro. Albert Serra, Oliver Laxe o Carlos Vermut serían carne de competición con un apoyo real detrás”.

Emma Lustre también pone la mano en el fuego por la calidad del cine español y está de acuerdo en que “tiene potencial para mucho más”. López-Lavigne se muestra optimista y no descarta que “quizás estemos a punto de explotar como hicieron los mejicanos hace una década".

El responsable de Apache añade, no obstante, que “no es Cannes todo lo que reluce”. De hecho, los productores subrayan la importancia de poner en valor los logros del cine español en las secciones paralelas de los tres grandes o los galardones obtenidos en otros certámenes de renombre como Locarno, Rotterdam o los americanos Sundance, SXSW y Toronto.

Como dice Felipe Lage, “el mundo no se acaba en la Competición de Cannes. Lo realmente importante es hacer pelis buenas”.

 

Menu