El madrileño está ya con la postproducción de su tercer largo en USA.

Nuestro especial ‘El éxodo. Cineastas españoles por el mundo’ aborda las razones y los detalles del viaje que muchos directores están realizando al extranjero, especialmente Hollywood, para hacer películas. Una circunstancia de gran calado de la que no se está hablando lo suficiente y que también refleja la incapacidad del sector en España para ofrecer oportunidades al talento autóctono.

Además de un artículo principal que puedes consultar aquí, el reportaje se vertebra con otros dos cuestionarios a cineastas: Paco Cabezas y Daniel Benmayor.

Gonzalo López-Gallego comenzó su carrera en España con ‘Nómadas’, una película que consiguió notoriedad en el Festival de Málaga del 2001. Aquí también realizó ‘Sobre el arco iris’, la miniserie ‘La piel azul’ y ‘El rey de la montaña’, siendo este thriller la obra que más le dio a conocer internacionalmente.

Tanto es así que trabajó para los Weinstein y Timur Bekmambetov en su debut allí, la cinta de ciencia-ficción ‘Apollo 18’. Tras dirigir ‘Open Grave’, con Sharlto Copley (‘District 9’), ha rodado ya su tercer largometraje en Estados Unidos, ‘The Hollow Point’, drama criminal fronterizo con Ian McShane (‘Deadwood’) y Patrick Wilson (‘Expediente Warren’).

 

A continuación, puedes conocer a Gonzalo López-Gallego con nuestro cuestionario ‘El éxodo’:

 

- Proyectos en los que estás trabajando allí

Ahora mismo estoy leyendo guiones y en reuniones para varios futuros proyectos pero todavía nada cerrado del todo.

 

- ¿Te fuiste a hacer cine allí porque era lo que querías o preferirías trabajar en España y te fuiste porque aquí era muy complicado?

Me fui a trabajar allí porque surgió la oportunidad. ‘El Rey de la montaña’ funcionó muy bien en el Festival de Toronto y así es como empezaron mis primeros contactos con agencias. Cuando por fin cerré con un agente con el que me sentía cómodo, empezó el proceso largo de leer guiones y conocer a productores. Proceso en el que empiezas con mucha ilusión y poco a poco te vas dando cuenta de que el camino puede ser largo.

Estuve unos cuatro años leyendo guiones, aprendiendo el protocolo y a presentar proyectos, hasta que los hermanos Weinstein se pusieron en contacto conmigo para dirigir ‘Apollo 18’. A partir de ese momento he tenido la suerte de poder ir conectando una película con la siguiente.

 

-  ¿Cuáles crees que son las mayores trabas para hacer el cine que quieres en España?

La diferencia principal es que no tenemos una industria capaz de generar una cantera de guiones. Por lo tanto, si quieres hacer una película en España, por lo general, tienes que escribirte el guión y tener la suerte de tener un productor que lo respalde y busque la financiación. A esto se suman las limitaciones de la financiación porque seguimos dependiendo de las subvenciones y de las televisiones. La inversión privada, que es con la que se suele financiar el cine independiente en Estados Unidos, no acaba de arrancar.

 

- Este éxodo de cineastas es algo nunca visto en la Historia nuestro cine. ¿Es el cine español consciente de la gravedad de la fuga de talentos?

No lo sé. Me imagino que no. No creo que seamos muy conscientes de nuestros propios directores o guionistas.

 

- Tres grandes diferencias entre hacer cine allí y en España

Depende de si haces una película de estudio o una película independiente. Una película independiente se parece bastante más a como se hace el cine en España. En una película de estudio es donde te das cuenta de la diferencia. No se escatima en gastos.

Recuerdo en la preparación del "Apollo 18" cómo había tres turnos de constructores, trabajando día y noche para poder terminar el decorado de la luna en menos de veinte días.

En mi experiencia, para mí estas serían tres posibles diferencias:

1. En España solemos tener más semanas de rodaje. En Estados Unidos, rodando una película de un presupuesto similar a una española, están acostumbrados a rodar en menos días. Creo que tiene que ver con los sindicatos y lo que se paga al equipo, porque si pasas de un cierto número de días se paga más.

Así que, por lo general, películas de 3-4 millones de dólares se ruedan en veinticinco días o un poco más si tienes suerte. Eso te obliga a llevar un guión técnico muy detallado para saber exactamente lo que necesitas.

2. En Estados unidos siempre tienes los odiosos test screenings. Los test que se hacen en un cine con una gran audiencia que ve tu película sin terminar y les hacen preguntas de todo tipo. Es un sufrimiento y creo que no están del todo bien planteados aunque ya llevan muchos años haciéndolos.

3. Allí también me he encontrado con que el montaje está siempre abierto, prácticamente hasta el día de mezclas. Eso es algo que en España no suele pasar, se cierra el montaje de imagen y empiezan a trabajar el diseñador de sonido y el compositor. Puede haber algunos cambios, pero no es lo habitual.

En Estados Unidos, tienes a todo el mundo trabajando a la vez, Efectos, Música y Sonido van resincronizando cambios en la película hasta el final. Es una sensación agridulce. Por un lado sientes que se está perdiendo el tiempo teniendo al equipo trabajando en algo meramente técnico, pero por otro lado, te das cuentas del deseo de los productores de conseguir tener la mejor posible película y sentir que has hecho todo lo posible por conseguirlo.

 

- Algún detalle concreto que haya sido de tus mayores satisfacciones y que en España sería imposible o casi imposible haber logrado

No he visto en ese sentido grandes diferencias. Una de las películas que más he disfrutado y en las que mejor me lo he pasado ha sido ‘El Rey de la Montaña’ con un equipo increíble rodando en invierno en las montañas de Soria. Me lo paso muy bien haciendo mi trabajo, disfruto muchísimo todos los procesos, y en ese sentido tengo la suerte de seguir teniendo grandes satisfacciones en las películas que estoy haciendo fuera de España.

La experiencia de haber rodado ‘The Holllow Point’ con Ian McShane, Patrick Wilson, John Leguizamo y Jim Belushi ha sido increíble. Pero la verdad es que me apetece mucho volver a rodar aquí.

 

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