Reportaje en profundidad sobre la abundante cantidad de directores que están saliendo para hacer cine fuera de España.

El cine español está volviendo a conectar con el gran público. El trabajo de las nuevas generaciones de productores y directores y el afán comercial de las televisiones privadas se está empezando a notar.

Pero sería irresponsable ignorar que la situación en el sector, en su conjunto, es crítica. El cine español se enfrenta a un desempleo enorme, a un montón de productoras cerradas, a una distribución muy dañada, y a una eliminación gradual de los presupuestos medios que ha erosionado la variedad del tamaño y condición de los proyectos.

En ese maremágnum muchos cineastas han emigrado o están en visos de hacerlo. Algunos lo hacen porque siempre ha sido su sueño pero otros se ven obligados ante la imposibilidad de rodar aquí. El éxodo es de tal dimensión que es sorprendente que el sector no le esté dando la suficiente importancia. Podemos analizar positivamente la fuga de talentos con la perspectiva de la celebración de que en el exterior se esté valorando significativamente a los cineastas españoles y quieran contar con ellos, pero el gremio del cine en nuestro país debe reflexionar ante una situación que, como industria, refleja un fracaso.

Este reportaje en profundidad busca ofrecer una visión global de la situación a través de los testimonios de los cineastas y coincidiendo con una época donde muchos cineastas españoles en el exterior están estrenando producciones. Al artículo principal le sigue una serie de entrevistas a varios de estos directores. Estas entrevistas se han realizado a Paco Cabezas (‘Aparecidos’, ‘Carne de neón’), que tiene el honor de clausurar el Festival de Toronto con ‘Mr. Right’; a Gonzalo López-Gallego ('Nómadas', 'El rey de la montaña'), que con 'The Hollow Point' ya cuenta con tres producciones en EE.UU.; y a Daniel Benmayor ('Bruc', 'Paintball'), que ha debutado este año allí, con Taylor Lautner de protagonista, mediante 'Tracers'.

 

El éxodo. Desde cuándo y a dónde

 

Aunque la marcha de cineastas españoles es algo que ha ocurrido desde los inicios del cine, y se podrían mentar las aventuras internacionales de Segundo de Chomón, Edgar Neville o Luis Buñuel, es a partir de los años 90 cuando el cine español empieza a despertar un verdadero interés de reclutamiento en las industrias más poderosas.

En esos años sonaba más bien a curiosidad que Hollywood ofreciera proyectos a directores como Amenábar, Medem y De la Iglesia. Pero es a partir de los 2000, cuando con la irrupción vertiginosa de nuevas generaciones de cineastas —especialmente interesados, además, por el cine de género—, unido a la incapacidad del sector para acomodarles dentro de un sistema de producción tan frágil, cuando se produce un punto de inflexión.

La mayor parte de cineastas están yendo a trabajar a Estados Unidos, la industria más poderosa del planeta. Un país cuya hegemonía, de hecho, está cimentada gracias a la emigración, pues el propio Hollywood clásico debe en buena medida su esplendor a la contribución de directores europeos como Fritz Lang, Ernst Lubitsch, Billy Wilder, Otto Preminger, Charles Chaplin, Alfred Hitchcock, Robert Siodmak, Michael Curtiz, Fred Zinnemann y tantos otros.

Hay también quien ha ido a trabajar al Reino Unido. Como Guillem Morales (‘Los ojos de Julia’) que ya ha dirigido una miniserie allí y está preparando con Hammer Films una película llamada ‘Shomer’. O Juan Carlos Medina (‘Insensibles’), que está a punto de rodar allí ‘The Limehouse Golem’, una película de suspense gótico ambientada en el Londres de finales del XIX.

Aunque este artículo se circunscribe a la dirección, no podemos tampoco obviar la emigración de los actores. A los casos más famosos que han marchado a Estados Unidos hay que añadir a gente como Victoria Abril, Sergi López, Lola Dueñas, Carmen Maura o Rossy de Palma, habituales en un cine francés que, por ahora, no ha sido refugio para directores.

 

La naturaleza del éxodo. ¿El sueño americano?

 

No se puede homogeneizar la circunstancia. Por eso hemos contactado con muchos de los protagonistas para que nos hablen de sus casos.

David Victori, que acaba de presentar ‘Zero’ en el Festival de Venecia —un proyecto producido por Ridley Scott y protagonizado por Michael Fassbender—, se estableció en Los Ángeles en 2012 y su intención es vivir entre L.A. y Barcelona. “Allí tienen una industria muy eficaz y muy bien estructurada. He ido a aprender, a entender su funcionamiento y a poder de esta manera encontrar mejores formas de seguir desarrollando mi oficio. No quiero dejar de trabajar con productores españoles en ningún caso. Creo que hay muchas ventajas que tenemos en nuestro país y que hay que saber ver, entender y usar a favor de las historias”, declara Victori, que está preparando ‘Cross the Line’ con Filmax para rodar en Nueva York con coproducción americana.

Martín Rosete es uno de los cortometrajistas españoles más reconocidos, con trabajos como ‘Revolución’ o ‘Voice Over’. Llegó de casualidad a Estados Unidos por una beca de La Caixa pero luego decidió quedarse. “Tanto el tipo de cine como la industria misma se acerca mucho más a lo que yo siempre he querido hacer, y aquí tengo muchas más oportunidades”, cuenta el director, que acaba de rodar en Nueva York su primer largometraje, ‘Money’, una coproducción USA-España interpretada por Kellan Lutz y Jesse Williams.

En el 2011 un corto de animación llamado ‘ROSA’ tuvo un gran impacto internacional. Lo había realizado una única persona en su ordenador doméstico: Jesús Orellana. “Al lanzarlo por festivales el 100% del interés vino de USA, tanto en forma de agentes como productoras y estudios; desde España, absolutamente nada a nivel de trabajo”, reconoce el director, que supone que eso es “la prueba” de que su forma de ver el cine “se acerca más a la de Hollywood que a la de España”. Fox le compró una opción para llevar a largometraje de imagen real la historia de ‘ROSA’. Una vez expirada esa opción ahora trabaja con Coalition Group en la adaptación, si bien también conversa sobre otro proyecto con un gran estudio. Orellana, no obstante, preferiría poder iniciar su carrera en España: “Para mí lo ideal sería poder empezar aquí a una escala más pequeña si surgiera la oportunidad, pero por ahora no ha sido el caso”.

Luiso Berdejo quería trabajar en la industria norteamericana. “No se trató de un éxodo ineludible tanto como de una aspiración personal. Sigo trabajando activamente para España, en los últimos años se han producido varias películas que he escrito y tengo proyectos españoles muy interesantes para los próximos años”, expone. Berdejo, que vive en Los Ángeles, dirigió en Estados Unidos ‘La otra hija’, con Kevin Costner, pero para el cine español ha seguido escribiendo guiones de la saga ‘REC’, ‘Insensibles’, ‘Tres60’ o la adaptación de la novela 'El guardián invisible', que produce Atresmedia Cine, Nostromo Pictures y Nadcon Film, y que pronto rodará Fernando González Molina.

Algunos directores no piensan en el lugar donde hacer cine. “Rodar es rodar, aquí y allí, y uno no opta por un modelo, simplemente busca el modo de hacer posible aquello en lo que cree”, señala Rodrigo Cortés (‘Buried’, ‘Luces rojas’), quien, según Variety, aunque él no lo quiere confirmar, está en contacto con Lionsgate para adaptar la novela sobrenatural ‘Down a Dark Hall’ de Lois Duncan.

En términos parecidos se expresa Isabel Coixet: “Yo quiero trabajar aquí, allí y en todas partes”. Coixet ha trabajado en varias ocasiones en Estados Unidos: ‘Elegy’, ‘Mi otro yo’ y ‘Aprendiendo a conducir’. Ahora está a punto de rodar en Reino Unido la adaptación de ‘The Bookshop’, pero también prepara para Mediapro y TVE el film ‘Spain in a Day’. Según nos asegura, “cada historia tiene su lugar y el mundo es ancho y ajeno”.

Uno que, ciertamente, ha trabajado en multitud de países es Luis Prieto. Acaba de rodar en Estados Unidos la película ‘Kidnap’, con Halle Berry. Españoles fueron sus cortos y su primer largo, pero luego ha rodado en Italia dos películas que fueron número 1 de taquilla —una de ellas la versión italiana de ‘Tengo ganas de ti— y ha llevado a cabo en Reino Unido el remake de ‘Pusher’. “He estado desarrollando los últimos años un proyecto para hacer en España y espero poder rodarlo muy pronto”, apunta el director.

 

La autocrítica que necesita el cine español

 

Martín Rosete nos cuenta cómo su mujer, científica, trabaja para la Universidad de Columbia y “la cuidan y valoran muchísimo”. Él cree que un país moderno debe apostar por la ciencia y el arte: “España no está viendo eso, y si no reacciona, creo que está abocada a quedarse en los vagones de segunda”.

También añade que su primer largometraje, ‘Money’, quiso rodarlo en España. “Estuve dos años peleando para rodarla en España sin encontrar el más mínimo apoyo o interés (…) Nos vinimos a rodar a NY, donde el Estado te devuelve el 30% de lo invertido”, relata el cineasta, quien no solamente destaca la ayuda económica, sino el respeto al cine: “Recuerdo un anuncio en el metro que decía: ‘La industria del cine genera $400 millones al año en impuestos para el estado de NY. Dinero que sirve, entre otras cosas, para pagar los profesores de tus hijos. Please, Be Nice with the Filmakers’”.

“Se sigue echando en falta un modelo de financiación e industria que permita la existencia de muchas más producciones, siempre y cuando se huya de la autocomplacencia autoral, y se piense en entretener y estimular al espectador”, entiende Carles Torrens (‘Emergo’), que vive en Los Ángeles y acaba de terminar el rodaje de ‘Pet’, con Dominic Monaghan. A él gustaría tener un pie en cada continente y, de hecho, va a hacer la postproducción en Barcelona.

Diego Quemada-Díez tuvo un gran éxito internacional de crítica hace dos años con ‘La jaula de oro’. Hace mucho que ya no vive en España y, a diferencia de los demás, él está afincado en México, aunque le encantaría hacer alguna película en España. En su opinión, “la gente emigra porque no hay oportunidades” y lo mira desde un punto de vista sociopolítico: “Los gobiernos miran por su propio bien y por las transnacionales y bancos a las que sirven, no por el bien de la gente ni de los jóvenes”.

 

Menu