LA NARANJA MECÁNICA (‘A Clockwork Orange’; Stanley Kubrick, 1971)

“Bueno, me corrijo. Un héroe aún más repugnante que el de ‘El beso mortal’. La película, a mi entender, es un ensayo sobre la libertad para hacer el bien o el mal como esencial a la naturaleza humana. Pero a mí me fascinó nuevamente el ejercicio de crearte repulsión hacia un personaje, en este caso Alex, y luego obligarte a meterte en su piel, hasta hacerte sentir la misma sed de venganza que él… para al final recordarte que todo ese tiempo ha seguido siendo el mismo psicópata.

Tras mostrarte inicialmente el sadismo del personaje, lo someten a tales situaciones de injusticia e impotencia que, desde tu posición esencialmente impotente de espectador en una butaca de cine, te resulta imposible no empatizar con él y desear verle vengarse. Se criticó a la película porque, al parecer, muchos sólo disfrutaron del goce vicario de la violencia. Qué decir. Uno no elige a sus espectadores”.

 

HENRY, RETRATO DE UN ASESINO (‘Henry: Portrait of a Serial Killer’; John McNaughton, 1986)

“Bueno, y el más difícil todavía, un héroe aún peor que el de ‘La naranja mecánica’. No sé si la pauta que estoy detectando en mis gustos debería ponerme nervioso: simplemente me fascina cuando el cineasta muestra su poder para hacerte identificarte con o desconectarte de un personaje a su antojo.

Te muestran a Henry, un asesino en serie, sin ningún tipo de épica o de romanticismo: crudo, sórdido, irracional, incomprensible... Y luego lo colocan en una situación en que no puedes evitar acabar viéndolo como héroe. Le ponen al lado a otro tipo, al que él inicia en el asesinato en serie, pero que resulta ser mucho peor que él: un cerdo violador incestuoso absolutamente repugnante. Añaden una damisela en peligro, y Henry se transforma en la única esperanza de la chica.

Por supuesto, al final te destrozan recordándote que Henry es una víctima de su propia naturaleza, de la que no puede escapar. Es muy pequeñita, pero es un interesante ejercicio de manipulación del espectador”.

 

AMORES PERROS (Alejandro G. Iñárritu, 2000)

“Un relato caleidoscópico en que tres historias, desordenadas en el tiempo, se entrecruzan hasta ir completando un puzle en que todo cobra perfecto sentido. Sus elementos se expanden como ondas reverberando de una subtrama a otra.

La historia del mendigo sicario que recoge al perro de pelea de la otra historia tiene un desenlace tan sorprendente como totalmente lógico e inevitable que te deja destrozado, y a la vez te hace compartir la misma epifanía que experimenta el personaje. No quiero destriparlo a quien no lo haya visto”.

 

HIJOS DE LOS HOMBRES (‘Children of Men’, Alfonso Cuarón, 2006)

“Voy a destacar cómo está rodada, que es lo que más me fascinó de ella. Exhibe una coreografía de planos sostenidos durante mucho tiempo en que el recurso es casi invisible, sin el histrionismo malabarista de las pelis en un solo plano, o las pelis enteramente en plano subjetivo, que no te dejan entrar en la ficción por restregarte todo el rato lo listos que son.

Hay cortes donde conviene que los haya, pero cuando se sostienen los planos, la cámara baila orgánicamente con los personajes, adelantándose y precediéndolos, dejándolos pasar de largo y siguiéndolos, con elementos cruzando para motivar cada movimiento y ocultarlo a plena vista, cambiando de tamaño de plano con las entradas, salidas, aproximaciones y alejamientos… Una lección magistral de coreografía de cámara en que la ilusión de mostrar en tiempo real es inescapablemente efectiva”.

 

TORO SALVAJE (‘Raging Bull’; Martin Scorsese, 1980)

Bueeeeno. Pongo uno de esos clásicos de todo el mundo. Normalmente, cuando vas a la escuela a aprender guion o dirección, te inculcan que los personajes han de cambiar, que han de tener un arco y encontrarse en distinto lugar al final del relato de donde estaban al principio.

‘Toro Salvaje’, un relato de auge y caída, demuestra que el cero es un grado más en la escala del cambio. El personaje desearía cambiar, y el cambio es potencialmente posible, pero Jake es incapaz de escapar de su propia naturaleza, y al final destruye todo lo que ama y se autodestruye. La violencia en la vida profesional y la violencia doméstica se vuelven un todo para él. Es como mirar un choque de trenes a cámara lenta.

La película es, además, pura poesía visual. El argumento más sórdido y las situaciones más brutales se contemplan a través de una lente que idealiza y embellece lo tosco: puro contrapunto. El personaje más simple y más bruto protagoniza uno de los filmes más bellos jamás rodados y, en su cerrilidad, se convierte en un personaje trágico”.

 

 

 

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