Un repaso al cine que muchas veces queda ensombrecido por este estudio.

El cine japonés, en el top-3 mundial, es aún hoy el más infravalorado entre todas las cinematografías. Se descubrió tarde y todavía sigue siendo un gran desconocido, a pesar de que directores puntuales sí gocen del reconocimiento debido y de algunas buenas iniciativas, como el reciente ciclo de Kaneto Shindô en algunas filmotecas.

En el segmento de animación la cosa está algo mejor, al menos en lo que concierne a las series de televisión. La llegada de las privadas a principios de los 90 ofreció una ventana de salida para el anime japonés. Sin embargo, las películas no alcanzaron tan fácilmente las salas de cine. El genial Hayao Miyazaki tardó bastante en hacerse un hueco y en los últimos tiempos es poco habitual que se estrenen películas que no sean del estudio Ghibli.

No obstante, acaba de terminar la edición 2016 del festival de San Sebastián y se ha dado la circunstancia de que es la segunda vez consecutiva en que una cinta de anime japonés compite en la sección de Competencia. Es un paso.

Con este artículo quiero continuar el esfuerzo y ofrecer una breve lista con algunos largometrajes de anime japonés que destacan fuera de Miyazaki, Takahata y el resto de Ghibli, descartando también ‘Akira’ y ‘Ghost in the Shell’, dos películas que suelen eclipsar el gran caudal existente, y obras para salas que previamente habían sido series de TV u OVAs (como el caso de 'Patlabor', por ejemplo).

Ojalá dentro de un tiempo en Occidente podamos entender que igual que en Estados Unidos hay diferentes estudios de calidad y con sus políticas diferenciadas (los Pixar, Laika, Dreamworks, Blue Sky, Illumination, etc.) en Japón también disponen de productoras de referencia, como Madhouse, Production I.G., Sunrise, Gainax, Studio 4ºC o Bones.

 

A continuación, doce películas de animación japonesas desde los años 80 que merecen mucho la pena y con límite de una película por director:

 

LOS NIÑOS LOBO (‘Ookami kodomo no Ame to Yuki’; Mamoru Hosoda, 2012)

Con la muerte de Satoshi Kon y la posible retirada de Miyazaki y Takahata, Mamoru Hosoda ha sido señalado como el máximo estandarte del cine japonés de animación gracias a trabajos tan notables como ‘La chica que saltaba a través del tiempo’ o ‘El niño y la bestia’. ‘Los niños lobo’ no solamente destaca por su brillantez visual, su enérgico humor y su brío narrativo y técnico, sino por el humanismo y la calidez con la que dibuja la crianza en una familia y la asunción de la toma de decisiones vitales. En mi opinión, solamente ‘El viaje de Chihiro’ podría quitarle a ‘Los niños lobo’ el título como mejor película de animación japonesa de lo que llevamos siglo.

 

PERFECT BLUE (‘Pafekuto buru’; Satoshi Kon, 1997)

He dudado si seleccionar ‘Paprika’, pues la considero la más extraordinaria de las cintas de Kon, pero hay que reivindicar también su primer largometraje, con el que ya asombró a la cinefilia internacional. De hecho, Darren Aronofsky compró los derechos de remake, de forma que la propia ‘Cisne negro’ es una libre adaptación. La película parte de una sátira acerca del fanatismo en torno a las estrellas del mundo del espectáculo y se conduce a la protagonista hacia un thriller psicológico soportado por una perturbadora espiral con reminiscencias del cine de Polanski y reflexiones sobre los conceptos de realidad e identidad.

 

HIROSHIMA (‘Hadashi no Gen’; Mori Masaki, 1983)

Basada en un manga autobiográfico de Keiji Nakazawa, se trata de un desolador retrato de la Hiroshima arrasada por la bomba atómica lanzada por Estados Unidos. La película tuvo una continuación tres años después. Aunque ha sido comparada con ‘La tumba de las luciérnagas’, que se estrenó cinco años después, ‘Hiroshima’ tiene quizás más paralelismos con la italiana ‘Alemania, año cero’, aunque tendiendo a una vertiente más melodramática y con importantes dosis de humor. Quedará siempre para  el recuerdo la impresionante secuencia de la explosión. Puro terror.

 

TEKKON KINKREET (‘Tekkon kinkurîto’; Michael Arias, 2006)

Una película tierna y dura que no tiene miedo de explorar ideas y reflexiones de calado. En esta producción de Studio 4ºC, basada en el manga de tres volúmenes de Taiyō Matsumoto, dos chavales huérfanos que solamente se tienen el uno al otro, Kuro (que significa ‘negro’) y Shiro (‘blanco’), se ven enfrascados en una guerra con una banda mafiosa que opera al servicio de una corporación que quiere tirar el barrio para construir un parque temático. La propuesta mezcla de forma satisfactoria el mundo de la infancia y el de los yakuzas, y trata al espectador de forma inteligente. Posee un diseño y estilo visual deslumbrantes sin buscar el agrado fácil. Poesía extraña que tiene el honor de contar con el apoyo sonoro de la gran banda de música electrónica Plaid.

  

METRÓPOLIS (‘Metoroporisu’; Rintaro, 2001)

Una de las joyas de la sci-fi japonesa reciente es este ‘Metrópolis’, producido por Madhouse. Este estudio es quizás el más importante en cine en Japón sin contar a Ghibli, habiendo producido las obras de Satoshi Kon, Hosoda, Kawajiri o series como ‘Death Note’. El film se basa en un manga de 1949 de Osamu Tezuka (el mismo que creó ‘Astroboy’) cuyo proyecto se inspira en el clásico de Fritz Lang pero se lleva a territorios muy distintos. El director Rintaro tuvo a su disposición en el guión nada menos que a Katsuhiro Otomo, responsable de ‘Akira’. Con un impresionante diseño artístico y una excelente música jazzística, un detective privado y su sobrino viajan a esta ciudad, altamente segregada y en la que conviven humanos e inteligencia artificial, para buscar a un científico que, al poco de empezar el film, sabremos que está terminando una niña androide con un poder insólito.

 

NINJA SCROLL (‘Jûbê ninpûchô’; Yoshiaki Kawajiri y Kevin Seymour, 1993)

Ambientada en el Japón feudal, la historia cuenta cómo un grupo de misteriosos guerreros busca derrocar al shogunato de Tokugawa. La película presenta unas dosis de violencia y sexo muy relevantes, lo que le sirvió al film para llamar la atención global aún más, remarcando su distancia con la tradicional animación infantil de Disney que en ese momento copaba el mercado del cine de animación. Clásico de culto, el film se emparenta sobre todo con los animes de acción que triunfaban por entonces, como las series de ‘Los caballeros del zodiaco’ y ‘Bola de dragón’: acción muy bien coreografiada y editada, argumentos simples pero muy dramáticos, un acertado toque de fantasía y muchos personajes pintorescos y carismáticos. Yoshiaki Kawajiri había dirigido unos años antes la exitosa ‘Wicked City’ y volvería a lograr el aplauso después con ‘Vampire Hunter D: Bloodlust’.

 

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