¿Qué encuentra de enigmático y perturbador el director austríaco Michael Haneke en la reproducción de la imagen en vídeo?

Las imágenes de sus films en las que aparecen los videos —curiosamente la mayoría pertenecen a la reproducción ya extinta del VHS— son ya una constante habitual en su cine. Y además, las implicaciones que tienen estas imágenes siempre van unidas a matices inquietantes y, en ocasiones, incluyendo imágenes violentas y perturbadoras. Desde las primeras películas exitosas del director ya empezamos a encontrar una abundante imaginería en este aspecto.

Por ejemplo, en ‘El vídeo de Benny’, película realizada en el 1992, nos encontramos con un joven de buena familia, interpretado por Arno Frisch, que decide comprarse una cámara de vídeo y registrar con ella todo lo que encuentra interesante a su parecer. Lo fascinante e inquietante del argumento de ‘El vídeo de Benny’ es que nuestro personaje está realmente perturbado, y las imágenes que acostumbra a grabar o a ver en su pantalla de televisor acostumbran a ser vídeos espantosos, como la matanza de un cerdo en un vídeo casero de un pueblo rural.

El personaje llegará aún más lejos, cometiendo él mismo un asesinato que registrará con su cámara. En gran parte, el mensaje que encontrábamos en la película era poner de manifiesto el hecho de los juegos macabros y violentamente gratuitos con los que se entretiene gran parte de la burguesía, o si quieren, las grandes clases de la sociedad, los cuales la mayoría salen impunes después de sus fechorías. Estos protagonistas, distinguidos y con trabajos de profesiones liberales y bien remunerados económicamente, son los que acostumbran a habitar en las películas de Haneke.

En ‘Funny games’, la película que realizó Haneke en el 1997 (habló de la versión austríaca, no de la norteamericana que rodaría el director años después, aunque en realidad son prácticamente calcadas), nos encontramos otra vez con unas señas personales muy evidentes. El vídeo y sus personajes burgueses volvían a hacer acto de aparición.

‘Funny games’ nos hablaba sobre una pequeña familia de clase alta que era asaltada por dos protagonistas criminales que cometían todo tipo de salvajadas. En realidad, el director se servía de esta historia para realizar una parábola que diseccionaba las películas violentas y el morbo del espectador al observar películas que abandonaban cualquier argumento sensato para centrarse en la casquería y en la violencia gratuita.

En una de las más famosas escenas de la película, el personaje de Arno Frisch —el actor volvía a colaborar con el director y, además, volvía a interpretar un papel de personaje inquietante y malvado—  rebobinaba mediante el mando de la televisión una escena que había ocurrido en la supuesta vida real. Con realidad me refiero a la vida fílmica de la película, pues Haneke acostumbra a jugar indistintamente con realidad y ficción, mezclándolas y dividiéndolas cuando le apetece, pues todo forma parte del mismo cosmos oscuro.

 

Haneke (escondido)

 

Y llegamos a ‘Caché (escondido)’, que nos ofrece muchos elementos que aparecen en anteriores películas del cineasta. Los vídeos vuelven a hacer acto de aparición y otra vez con un matiz oscuro y peliagudo.  Daniel Auteuil y Juliette Binoche pertenecen a una acomodada familia pero que, de repente, empiezan a recibir unos vídeos realmente inquietantes. En dichos vídeos se nos muestran a nuestros personajes grabados sin que ellos fueran conscientes de que les estaban observando, y realizando actividades totalmente cotidianas.

En realidad, a Haneke el thriller convencional le importa realmente poco. Así, en ‘Caché’ encontramos muchas similitudes con ‘Funny Games’. En ‘Caché’ lo importante no es averiguar quién es realmente el que envía y espía a la familia, sino que es un pretexto para que el director pueda desarrollar el drama que realmente le interesa, que no deja de ser la historia de una familia que ha perdido toda la comunicación entre sus propios miembros. En ‘Funny Games’ sucedía un planteamiento muy similar,  pues Haneke no tenía ningún tipo de reparo en saltarse las reglas clásicas para reafirmar su propio discurso. La relación entre Daniel Auteuil y Juliette Binoche está basada totalmente en la mentira y el hijo que ambos comparten es una mera comparsa que apenas cobra importancia en ciertos momentos durante la película, precisamente cuando Haneke quiere poner de relieve la poca atención que le prestan los padres a su hijo.

Por si fuera poco, a medida que avanza ‘Caché’, el espectador se va dando cuenta poco a poco que resulta imposible el encuadre de algunos de estos vídeos. ¿Quién dirigió el vídeo en el que nuestro protagonista descubre a su antiguo compañero argelino? El mensaje que pretende querer reflejar Haneke resulta aún más perverso. Es él mismo quien ha entrado en la historia, y el que anda jugando con sus personajes como si se trataran de marionetas. No es casualidad que, en uno de estos vídeos macabros que recibe la familia, sea el propio equipo de filmación del director austriaco el que aparece de reflejo durante unos largos segundos.

 

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