‘Mi último suspiro’ fue un libro testamento que publicó el cineasta Luis Buñuel en la última etapa de su vida.

Digo testamento porque, al poco de escribir ‘Mi último suspiro’ ayudado por su íntimo amigo Jean-Claude Carrière en el 1982, el director, que ya padecía de problemas de oído y de vista, no tardaría en fallecer.

Y el libro es una auténtica maravilla, recomendable para cualquier amante del cine, aun odiando las películas de Buñuel. El director, que ya sabía que le quedaba poco tiempo, aborda su vida desde una visión lírica y desnudándose de una manera sentimental sin caer en sentimentalismos, con entereza y fuerza delante de la proximidad de la parca. Al contrario que muchas otras personas que al llegar a la edad adulta se hunden y se quejan de los proyectos no realizados al largo de su vida, Buñuel acepta los porvenires que la vida le ha deparado con la frustración mínima.

Su testimonio deja de lado el revanchismo y tiene una actitud reconciliadora delante de un episodio que él llegó a vivir muy cerca, como fue la guerra civil española.

 

Wajda y el neorrealismo

Pero más allá de la vida personal de Buñuel, es interesante ver cómo el director plasma diversas opiniones sobre sus gustos cinéfilos, que resultan muy interesantes de analizar. Buñuel comenta que sentía una agradable pasión por el cine del polaco Andrzej Wajda y que este sentimiento era recíproco. El propio Wajda envió una carta a Buñuel expresando su admiración y en la que firmaba como ‘su discípulo’. El propio Wajda confesó en Cannes que el director se había iniciado en el cine gracias a cineastas como Luis Buñuel. Esta misma relación ocurría entre Buñuel y Fritz Lang. El español pudo expresar su admiración al alemán en una cena realizada en Hollywood.

‘Mi último suspiro’ también nos descubre que a Buñuel el cine neorrealista le interesaba por partes. Disfrutó enormemente con las películas de Vittorio de Sica, como ‘El Limpiabotas’ o ‘El ladrón de bicicletas’. De hecho, conoció personalmente al director italiano y en ‘Los olvidados’ se notan las influencias de ‘El ladrón de bicicletas’. Curiosamente, ‘Viridiana’ horrorizaba a De Sica.

Sin embargo, Buñuel opinaba que ‘Roma, ciudad abierta’ de Roberto Rossellini era una película muy tendenciosa. En concreto, creía que la escena en la que se ve comer a los nazis de manera abundante, mientras que en la siguiente vemos a unos italianos pasar hambre era hartamente maniquea.

 

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