La proyección en el Salon Indien du Grand Café marcó un antes y un después en la Historia cultural de la humanidad.

El 28 de diciembre de 1895 el público, que previamente había pagado un franco, asistió a la puesta de largo del invento que los, hasta entonces fotógrafos, hermanos Lumière habían desarrollado.

Corren diversos rumores sobre si esa fue la primera proyección en el mundo y hoy aparecen otras figuras como los hermanos Skladanowsky, unos alemanes de origen polaco que unos meses había cobrado entrada por su invento del Bioskop.

Acerca de la proyección de los Lumière se cuenta una anécdota muy arraigada que se ha convertido ya en leyenda urbana y que parece imposible de extirpar. No, la treintena de espectadores que asistieron a esa proyección no huyeron despavoridos al ver el tren aproximándose en la pantalla, básicamente porque el estreno del famoso film de ‘Llegada del tren a la estación de La Ciotat’ no formaba parte de la primera sesión de proyecciones, sino que se incluiría posteriormente.

Los films proyectados fueron diez: ‘La sortie de l'usine Lumière a Lyon’, ‘La voltige’, ‘La Pêche aux poissons rouges’, ‘Le Débarquement du Congrès de Photografie à Lyon’, ‘Les Forgerons’, ‘L'Arroseur arrosé’, ‘Le repàs’, ‘Le Saut a la couverture’, ‘La Place des Cordeliers à Lyon’ y  ‘La mer’.

También hay un hecho aún más providencial, si cabe. Uno de los asistentes a esta primera proyección fue un joven que había trabajado como ilusionista durante muchos años y que regentaba, de hecho, un teatro donde se daban números espectaculares de todo tipo: George Mèlies.

Méliès quedó entusiasmado ante lo que vio y rápidamente trató de contactar con el padre de los hermanos Lumière para hacerse con el invento porque veía la gran cantidad de usos que se le podían dar al aparato. Sin embargo, el padre aconsejó al muchacho que no invirtiera en el invento porque como sorpresa para barracas de feria podía tener alguna utilidad durante un corto período de tiempo pero que rápidamente pasaría de moda.

A pesar del consejo, Méliès rápidamente se hizo con uno de aquellos cinematógrafos mandado construir después de diversas reinvenciones a través de otros modelos y pronto se convertiría en la figura más mágica del cine conocido como cine de los orígenes.

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