Aniversario de una de las obras maestras de Sergei M. Eisenstein.

Iván IV el Terrible es uno de los zares del Imperio Ruso más conocidos por la cultura popular mundial. Seguramente, cuando recordamos su nombre, nuestra mente evoca aquel cuadro del excelente pintor realista Ilya Repin, que inmortalizó una de sus más funestas acciones, con el cuadro titulado “Ivan the Terrible and His Son” donde se nos muestra con toda crudeza el asesinato que realizó el propio zar sobre su hijo en un conato de rabia.

La historiografía ha retratado a este monarca como un gobernante despiadado que, a pesar de sus continuos excesos, supo convertir a Rusia en una potencia de la época.

Pero también Eisenstein ha contribuido a la creación de una imagen dentro del imaginario popular sobre Iván el Terrible. Y lo hizo con dos películas —en realidad, debían ser tres— que, al mismo tiempo, realizaban un retrato sobre otro terrible tirano ruso, en este caso, contemporáneo del cineasta: Stalin.

Y es que si Eisenstein no pudo dirigir la tercera parte de la trilogía fue principalmente por motivos expresos provenientes de Stalin, y no por la propia salud del cineasta, que acabaría falleciendo en el 1958. De hecho, la segunda entrega fue censurada por el gobierno, que impidió su estreno. La llegada de Nikita Kruschev al poder, que realizaría un proceso de ‘desestalinización’, propició que se pudiera estrenar el film más de una década después de su realización.

La primera parte del díptico, ‘Ivan el Terrible. Parte 1’ (‘Ivan Groznyy I’, 1945), se rodó cuando la URSS aún estaba inmersa en la Segunda Guerra Mundial, entre el 1944 y el 1945. Detrás del filme hay una clara exaltación del monarca, que no deja de simbolizar el propio jefe de Estado.

El filme nos muestra los orígenes de la nación rusa y presenta el triunfo total del rey ante sus enemigos, de la misma manera que Stalin vencía a los nazis después de una invasión que dejó millones de muertos.

Con batalla incluida —como si de una superproducción hollywoodiense se tratara— el filme utiliza continuamente unos claroscuros que tratan de representar la época arcaica, casi mítica, en la que se ubica toda la trama del filme.

No solamente tiene protagonismo el montaje que haría célebre al cineasta —es precisamente en la batalla donde mejor se puede comprobar el valor del montaje empleado por Eisenstein— sino la composición interna del
plano, con influencia de la obra pictórica de El Greco, artista que el soviético consideraba un precursor del montaje en el cine.

‘Iván el Terrible’ denota un tono muy parecido al que encontramos en las obras de Shakespeare. Durante gran parte del metraje da la sensación de que estamos ante una obra del escritor inglés, sólo que ambientada en la Rusia de Iván.

Las conspiraciones de los nobles, que siempre tratan de anular el poder del rey, son el telón perfecto de la obra. Además la propia historia parece referenciar a ‘Hamlet’, por contarnos una trama llena de venganza que involucra al heredero al trono.

Al contrario que la primera entrega, en la segunda parte la concepción sobre el monarca ruso variaría tremendamente, pasando de héroe a villano, razón por la cual el filme quedó sometido a la censura.

 

 

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