Centenario del que, para muchos, es el primer gran largometraje del Cine.

Como decimos, no han sido pocos los que han visto o querido ver, también sea dicho el inicio del cine clásico en ‘El nacimiento de una nación’, que el próximo 8 de febrero cumple 100 años.

Ciertamente, la historiografía norteamericana ha tratado de encumbrar la película colocándola casi en un altar, según el cual la película inicia la Historia del Cine, pasando de un modo de representación primitivo es decir, el cine anterior a la película de Griffith a un modo de representación clásico. Noël Burch, en su influyente obra de ‘El tragaluz del infinito’, nos lo deja todo bien claro al respecto.

No hace falta decir que se trata de una visión más que chovinista sobre el cine. Aun así, no hay que negar a ‘El nacimiento de una nación’ el hecho de que funda las bases de lo que sería el cine tal y como, en gran parte, lo entendemos hoy. No es que la película invente ninguna técnica nueva, sino que sabe realizar un perfecto compendio de todos los recursos que el cine había desarrollado desde su nacimiento, veinte años antes, en una síntesis perfecta, formalmente hablando.

No obstante, no hay que ignorar que ‘El nacimiento de una nación’ es, seguramente, una de las películas más controvertidas de la Historia del Cine.

David Wark Griffith, el director de la obra, era hijo de un general sudista que había combatido en la guerra civil norteamericana, conflicto bélico que sale reflejado en la película. Así pues, Griffith adopta este punto de vista sudista para la película.

Pero no sólo eso, sino que la película hace una total y absoluta apología del racismo. La historia ya se inicia mediante un prólogo en la que se nos cuenta cómo el conflicto tiene sus raíces en la traída al continente de esclavos negros, que son los únicos culpables entre la tensión de los estados del norte y del sur.

De hecho, los únicos negros que salen bien retratados en la película son los esclavos que siguen a sus amos y aceptan su condición de esclavo. Obviamente, muchos afroamericanos no quisieron colaborar con la película y, por eso, Griffith cuenta también con actores blancos pintados con betún que simulan pertenecer a la raza negra. El resultado es, como mínimo, pintoresco y uno se da cuenta a la legua.

Además, se realiza un apoyo a la organización del Ku Klux Klan, de tal manera que queda retratada como una sociedad perfecta. Las consecuencias fueron terribles y nos muestran la importancia sociológica de la película, pues nunca una película había causado tanto revuelo y un masivo éxito de público.

Derivado de esto, la sociedad racista del Ku Klux Klan revivió de sus cenizas y mantuvo sus macabras actividades durante largos años. Es un hecho que hemos de tener en cuenta y que no podemos dejar nunca de banda. La historiografía no puede centrarse únicamente en formalismos porque estaríamos obviando la condición humana que tiene todo arte.

Hemos de tener en cuenta que El nacimiento de una nación’ inicia también en cierta manera las superproducciones de época. El propio Griffith se arriesgó totalmente en la película, poniendo gran parte del presupuesto en la película. Tuvo que pedir diversos créditos para poder soliviantar los gastos que acarreaba la producción.

Por suerte para él, la película tuvo un éxito arrollador y pudo devolver todos los créditos que el director pidió. Aun así, ya se demuestra una de las constantes de Griffith como productor: no sabía sacar un provechoso éxito de sus películas, pues sus gastos de producción eran enormes y la gran cantidad de espectadores a duras penas podía paliar todo el gasto.

Mucho se ha contado sobre qué hubiera sucedido si la película hubiera llegado a fracasar. Es hacer ciencia ficción, sin duda, pero seguramente se habría tardado años para que otra producción de tales colosales características volviera a apostar por un cine de tal magnitud en Estados Unidos (en Italia el péplum colosal ya se había iniciado).

Griffith, un trabajador metódico, también le da una importancia vital a la música. No sólo escoge temas para la película, sino que concienzudamente elabora una banda sonora que se una con la imagen de la película.

Para ello recurre a temas de todo tipo. Evidentemente, los temas sureños son una básica de la película y, por eso, podemos escuchar temas como ‘Dixie’s Land’, considerado el himno de la confederación secesionista. Pero también Wagner con ‘La cabalgata de las valquirias’ en un magnífico final que, posteriormente, sería referenciado por Coppola en su ‘Apocalypse Now’.

 

 

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